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jueves, 23 de abril de 2020

Cristina Casa e Ion Agirretxe: "Solo salimos a tirar la basura"

El matrimonio Agirretxe Casa frente a La Plaza de la Villa de Madrid

Llevan en el alma la disciplina del ballet, por eso asumen el confinamiento debido al Covid-19 con mucha naturalidad. Afirman que durante estos 43 días solo han bajado a la calle "para tirar la basura". Juntos desde que se conocieron en el Corella Ballet, Cristina Casa e Ion Agirretxe forman parte del elenco de la Compañía Nacional de Danza, ella como primera bailarina y él como solista.

Lola Ramírez
Ella madrileña y él donostiarra llevan más de la mitad de su vida haciendo pliés y tendus. Cristina se entregó desde el primer momento al ballet clásico, mientras que Ion, a la edad de cuatro años empezó a demostrar su sentido del ritmo en la danza tradicional vasca; a los diez años cambió lo tradicional por lo académico y desde entonces ha recorrido varios países y compañías. Ion y Cristina bailaron su primer paso a dos en aquella ilusionante compañía creada por Ángel Corella y desde entonces continúan con ritmo ágil su vida en común. Ahora, como a gran parte del mundo mundial, les toca retiro. Ellos, como bailarines disciplinados que son, no se salen del guión y no pisan la calle más que para tirar la basura. "Estamos bien —afirma Cristina—, con ganas de volver a la normalidad pasando por la aceptación y la solidaridad. Creo que la disciplina de la danza nos está ayudando". Ion, por su parte, lo tiene muy claro: "No nos podemos quejar, estamos bien; tenemos nuestras rutinas de ejercicio para intentar mantener el cuerpo lo mejor posible al igual que la mente, leer, cocinar, bailar, coreografíar".

Describirme cómo es vuestra rutina diaria en estas circunstancias
Cristina: Nos levantamos a las 9.30, a las 10 desayunamos y nos ponemos a estirar. Sobre las 11 hacemos clase juntos, impartimos un ejercicio cada uno, muy bueno para  mantenernos y para mejorar; también para dar clases a alumnos, aunque ahora lo compaginamos con las clases que nos imparten algunos maestros de la CND. Después solemos hacer bici, yo tengo bici estática y por la tarde hay infinidad de actividades online que podemos hacer,  tenemos amigos impartiendo entrenamientos de cardio y fuerza. Intentamos combinarlo pero obviamente nunca será como estar trabajando en la Compañía. Estamos un poco locos pero claro es que siendo Aries tenemos mucha energía.
Ion: Como bien dice Cris, intentamos mantener los horarios lo más ajustados posible a la realidad, despertándonos hacia las 9:30, hacemos una clase conjunta, los maestros de la CND también imparten clases por internet, así que por esa parte nos mantenemos muy bien. Yo, por otro lado, soy muy aficionado al ciclismo y al tener una bicicleta de carretera y un rodillo, cada día intento hacer unos pocos kilómetros. Algunos días suelo entrenar con el ciclista profesional Alberto Contador, vía Instagram y con otros 3000 corredores. Es algo muy divertido, mantienes la forma física y sudas muchísimo.

Hoy he visto un vídeo del Shanghai Ballet en el que los bailarines hacían los ensayos con mascarilla. ¿Os imagináis algo así en la compañía? Incluso, hacer un espectáculo con mascarilla...
C: Ufff.. Suena surrealista pero en China empezó esto a finales de año, han estado de cuarentena más de dos meses; es decir, ha sido algo muy serio, así que no me asombra que lo hagan. Son muy disciplinados, querrán que si se trabaja sea con seguridad para todos. Y lo del espectáculo con mascarilla no lo veo, la verdad; es más, me pregunto qué teatro va a abrir tan rápido después de esto, ¿con qué seguridad va a entrar el público a la sala? Muy dificil.
I: No sé, suena muy extraño y curioso a la vez. Vamos por detrás de ellos en la pandemia y, si ellos después de dos meses y medio han decidido comenzar a trabajar con mascarilla, será porque les dan la garantía de que lo han superado y no van a contagiarse. Habría que ver también el número de bailarines que podría trabajar al mismo tiempo en una sala, teniendo en cuenta que es muy difícil que los bailarines a la hora de actuar podamos mantener la distancia de seguridad entre nosotros. Lo de salir al escenario con la mascarilla sería un poco surrealista, pero tenemos que tener claro que todo lo que hemos vivido hasta ahora ha sido algo muy diferente a lo que viviremos de aquí en adelante, porque no solo somos los bailarines sino también el público, así que, como en todo en esta vida, mantendremos la mente abierta para cualquier cosa que pueda pasar.

Cristina en el Teatro de la Zarzuela (Foto: L.R.)

¿Cuál es vuestro espíritu en esta situación? ¿Os preocupa el futuro o pensáis que estamos viviendo una pesadilla que más pronto que tarde será solo eso, una pesadilla?
C: Hay que mantenerse positivo y a la vez realista. No te puedes poner una venda en los ojos. Yo he pasado por la frustración y, después, por la aceptación. Al final es un tema de solidaridad real, pensar que no te está obligando nadie a quedarte en casa, que hay que hacerlo para que los sanitarios y los que están enfermos respiren. Es el momento de pensar en el otro, no en el YO.
I: Es una incertidumbre y preocupación continua, saber que hay tanta gente pasándolo mal, tantos voluntarios ayudando. No podemos ser egoístas. Es algo nuevo para todos nosotros, algo que da mucho miedo y respeto, algo que nos va a marcar para el resto de nuestra vida. No son una vacaciones, es tiempo de pensar en toda la gente que tenemos alrededor y cuidar el uno del otro. Estoy seguro que este confinamiento nos va a hacer abrir mucho más el corazón y pensar, ser y actuar con más sinceridad y honestidad en nuestro dia a dia.

Esta es una situación que nos pone a cada uno en su lugar auténtico. ¿Qué os ha descubierto el coronavirus acerca de vosotros mismos?
C: Que soy un poco maniática y cabezona, aunque algo de esto ya lo sabía. Pero también he descubierto que tengo mucha paciencia.
I: Yo he descubierto que hay otras muchas maneras de enfrentarse a la vida. Ante este encierro, entre cuatro paredes, soy bastante más paciente de lo que pensaba. Con el silencio de uno mismo y un buen libro, mi creatividad es mayor de la que yo pensaba.

¿Qué es para vosotros lo peor (al margen de enfermos y muertos) de esta situación? ¿Y lo mejor? Hay algo que os haya demostrado que efectivamente no hay mal que por bien no venga?
C: No puedo obviar a los enfermos y los fallecidos. Soy una persona muy sensible y pienso que esto nos tiene que llevar a un aprendizaje. O. al menos, quiero creerlo.
I: No creo que sea posible pensar en algo bueno con tantísima gente que se está marchando de esta vida. Es una desgracia pero seguramente aprenderemos a quejarnos mucho menos,  pensaremos las cosas cinco veces más antes de hablar.


Una sugestiva imagen de Ion Agirretxe
¿Qué es lo que más echáis de menos?
C: Mi día a día, la danza como hasta ahora la conocía, y sobre todo el abrazo a mis familiares y gente a la que aprecio y quiero. 
I: Gracias a la tecnología vemos y hablamos con nuestros familiares, sabemos que están bien, pero de todos modos un abrazo, un te quiero de los que más quieres se echa de menos. La danza y nuestro dia a dia también, pero pienso que la vida y la salud están antes de todo lo profesional.

¿Vais a la compra o compráis online? ¿Os estresa mucho el salir a la calle o aprovecháis la ocasión para airearos?
C: No hemos salido a NADA , excepto a tirar la basura, eso quiere decir 43 días en casa. La compra online. No me estresa salir a la calle, pero el haber vivido en ciudades donde la vida se hace más en casa,  esto no nos ha causado mucho problema.
I: Piso la calle (el portal) para bajar la basura, respiro hondo y vuelvo a entrar en casa; es lo máximo que he salido estos 43 días. Tenemos que dar las gracias a todo el personal que se dedica al reparto, gracias a ellos nosotros no salimos. El haber vivido fuera de España, en un país donde todos los comercios cerraban muy pronto, nos obligaba a estar en casa muchas horas, gracias a eso no se nos está haciendo tan largo.

¿Qué opináis de las medidas tomadas por el Gobierno para frenar el contagio? ¿Creéis que se podría abrir un poco la mano: por ejemplo, permitir que la gente salga a hacer ejercicio, sin correr peligro de una marcha atrás? 
C: Teniendo en cuenta que a finales de enero se comunicó el primer caso y no se puso el estado de alarma hasta el domingo 15 de marzo...... , me solidarizo con nuestros HÉROES. Tal vez se podría dejar hacer deporte cuando los expertos en sanidad lo aconsejen.
I: Soy un amante del deporte, pero después de todo el sacrificio que está haciendo el país, no vería lógico el dar un gran paso atrás por dar un paseo o hacer deporte, como está pasando en Francia, donde los contagios no están parando porque ellos tampoco tienen un estado de alerta como el nuestro. Ya ha muerto mucha gente, pero sigo pensando que nos falta mucha información veraz, concreta y sincera.

La compañía hace clases diarias online.¿Varía mucho el entrenamiento? ¿Cómo lo lleváis?
C: Sí! Una buena iniciativa para, por lo menos, hacer un mantenimiento aunque, claro, es muy diferente ya que no puedes moverte igual, son menos horas y menos espacio, por mucho que queramos no puede ser lo mismo. Ahora, te aseguro que cuando empecemos será aún con más ganas.
I: Evidentemente no son las cinco o seis horas diarias de trabajo, pero para el estado en el que estamos es una gran iniciativa de la CND. Nuestra clase de ballet diaria nunca puede faltar. Después de la clase está en manos de cada uno el hacer más o menos ejercicio, intentaremos perder lo menos posible, teniendo en cuenta que no va a ser nada fácil.

¿En qué situación laboral estáis? ¿Baja? ¿ERTE? ¿..?
C: Nuestra situación laboral no ha cambiado, tenemos la situación idéntica a la de cualquier trabajador público.
I: Efectivamente, nuestra situación laboral sigue siendo la misma.

Soñemos un poco: ¿Dónde os imagináis este mes de julio?
C: No puedo pensar en eso ahora mismo, no sabemos lo que nos deparará esta situación.
I: Es muy difícil pensar en un futuro tan cercano, es una incertidumbre.

¿Qué haréis el primer día que podáis salir a la calle a algo que no sea ir a la farmacia o hacer la compra?
C: Abrazar a mi familia y conocer al pequeño sobrino nacido hace poco, ha sido la esperanza dentro de esta situación que estamos pasando.
I: Conocer y abrazar a nuestro sobrino recién nacido hace tres semana en pleno confinamiento, al igual que a mi familia.

Por último, ¿qué proyectos tenía la CND cuando surgió el Covid-19? ¿Baraja la compañía una fecha para reanudar los espectáculos o es todo una pura incertidumbre?
C: Había varias giras, Valencia, San Sebastián, Francia, Alemania y no sé, mucho más. Esperemos que todo se arregle, que deje de sufrir gente y que podamos retomar nuestra pasión.
I: Teníamos unas cuantas giras tanto nacionales como internacionales, pero no tengo ni idea de qué pasará, esperemos volver cuanto antes y recuperar el ritmo diario, porque será imposible volver a la normalidad en la que vivíamos antes.


Vídeos de Ion Agirretxe y Cristina Casa

Biografia Ion Agirretxe

Biografía Cristina Casa

domingo, 5 de abril de 2020

Chase Johnsey, un bailarín con cuerpo y alma de bailarina

Chase en su faceta de bailarina (Foto: Elliot Franks)

Tiene un gran talento para la danza, un cuerpo delgado y menudo y un alma que rebosa sensibilidad. Chase nació chico y con vocación de bailarina. Su primer trabajo lo encontró a los 17 años en Los Ballets de Trockadero. En 2017 fue galardonado “Mejor bailarín masculino” de los National Dance Awards, por interpretar a una mujer y, desde hace un año es el director artístico del Ballet de Barcelona .

 Lola Ramírez
“Toda la vida he tenido una gran pasión por el ballet. Soy una persona especial, rebelde… ¿única?, ¿se dice así en castellano?", me pregunta Chase Johnsey a través de la línea telefónica, cuando comienza a contarme como se convirtió en pionero en la conquista de roles de género. La entrevista la realizamos en pleno confinamiento doméstico, provocado por el estado de alarma al que nos ha llevado un perverso coronavirus. Nos separan un montón de kilómetros. A él le pilló el decreto en su casa de la campiña catalana, en compañía de su marido, Carlos Renedo, con quien, además de la vida, comparte la dirección del joven Ballet de Barcelona. 

A pesar de que tanto maestros como directores, coreógrafos y crítica han destacado siempre su gran talento para la danza, todo apuntaba a que a este bailarín estadounidense no le iba a resulta fácil romper los estereotipos de un mundo tan cerrado, jerárquico y convencional como es el de la danza clásica. Naciendo  chico soñar con interpretar Giselle, Odette o alguna de las protagonistas de las grandes obras clásicas no es precisamente una meta sencilla. Chase estudió en el Virginia School for the Arts, un conservatorio del estado de Florida, donde nació hace 34 años.

A los 17 años fue contratado por Los Ballets de Trockadero, una compañía que caricaturiza el mundo de la danza clásica y que está formada única y exclusivamente por hombres. “Siempre he tenido condiciones y talento para el ballet, pero mis características son un poco raras para esta profesión. Soy bajito, delgado y mi forma de bailar es un poco femenina. En realidad había poco espacio para un bailarín con mi perfil. Mis profesores no sabían qué podía hacer aparte de entrar en una compañía como Trockadero”. En la peculiar compañía, Chase se encontró con algún que otro problema. Rodeado de chicos fuertes y musculosos, su complexión menuda y “no músculos”, como dice él, le hacía sentirse extraño. “A mí me maquillas y me pones un tú-tú y soy una bailarina real; ellos son hombres subidos a unas zapatillas de punta”.

El otro lado de Chase (Foto: Zoran Jelanic)
En 2007 coincidiendo con una gira de Los Ballets de Trockadero en Londres, los críticos se fijaron en la delicada forma de bailar de Chase, que nada o poco tenía que ver con la vis cómica de sus compañeros. Durante unos días todos los críticos de la prensa especializada y generalista hablaban del joven bailarín estadounidense, un chico que en el escenario parecía una auténtica bailarina, no un hombre mofándose de una delicada sílfide.   

Te estaban valorando por lo que realmente tú querías ser y hacer, ¿no?
Sí, y esa temporada cambió mi carrera. En Dance Magazine apareció un reportaje hablando de las 25 bailarinas, nuevas bailarinas en el mundo. Una de esas bailarinas era yo. Ese artículo y todas las críticas que me hizo la prensa cambiaron mi posición en la compañía, porque lo que se decía era que yo tenía talento para interpretar una bailarina real, no algo cómico.

Eso no gustó a la compañía…
No, porque la meta de la compañía era hacer ballet cómico, chicos con puntas, pero con aspecto de chicos. El director de la compañía me ofreció más oportunidades porque había tenido muy buenas críticas. Yo me sentí muy esperanzado pensando que el mundo estaba preparado para algo diferente. Para mí fue muy bueno sentir que no era un tipo raro, sino alguien especial, alguien con talento para interpretar el papel de bailarina. Y si tengo talento para interpretar a una mujer, ¿por qué no voy a hacerlo? Y esta cuestión es parte de mi mensaje al mundo, no sólo para mí sino para gente transgénero, chicas que tienen fuerza para saltar, para girar … 

En 2017 ocurre algo inédito en el cerrado mundo del ballet: Chase Johnsey fue galardonado “Mejor bailarín masculino” en los National Dance Awards, por interpretar un personaje femenino y, además, tenía una nominación para mejor papel en Paquita.

¿Siempre has interpretado papeles femeninos?
Hasta ese momento sí.

¿Y después? 
Después de esto salí de Trockadero porque mi visión de la compañía y mis opiniones personales chocaban con las de la dirección. Yo lucho por la gente transgénero y hay gente que no podía continuar en la compañía por ser así. No soporto esta discriminación. Así es que me fui de la compañía y casi  inmediatamente recibí un correo de Tamara Rojo para hacer una audición. Hice la audición en el English National Ballet y me eligieron para formar parte del elenco de La Bella Durmiente.  

¿Qué papel hiciste?
Formé parte del cuerpo de baile de todo el ballet de La Bella Durmiente. Esto de un chico formando parte de un cuerpo de baile femenino también fue noticia, creo que escribió una nueva página en la historia del ballet. Salía en todas las noticias, pero el resultado fue que no he podido encontrar trabajo porque ninguna compañía quiere este tipo de publicidad. Hay un montón de directores y directoras que quieren contar conmigo, pero los gestores en las compañías tienen miedo de perder entradas, perder público porque en general en el mundo de la danza clásica hay mucha gente conservadora.  

En el papel de Odette con Heyler Lamela (Foto: Ricard Roselló)
Y desde hace un año tu has creado una compañía, el Ballet de Barcelona, donde no existen ese tipo de prejuicios.
Si, claro. El Ballet de Barcelona nace con el mensaje de que aquí aceptamos a todo el mundo que tenga calidad para la danza. Yo he realizado papeles de mujer, pero en mi carrera nunca he tenido libertad de género para ser yo mismo. Y ahora, cuando bailo soy yo mismo, ni chico ni chica, soy una bailarina a mi manera, como yo quiero ser. Y el resto de los bailarines igual. Mi deseo es romper las normas que atañen al cuerpo de las mujeres y de los hombres, es inclusivo cien por cien. Y ésta es la razón de ser del Ballet de Barcelona; mi mensaje ahora es para personas transgénero, para mujeres y hombres, y para todo aquel que quiera bailar en una compañía que es segura y sana para cada bailarín.

En el Ballet de Barcelona, además de dirigirlo, bailas, ¿no?
Si. En nuestra nueva producción del Lago de los cisnes hago el papel de Odette, no soy ni chico ni mujer, soy yo, pero en el papel de Odette.

¿Ya  has descubierto porque te gusta bailar como una bailarina y vivir como un hombre?
Bueno, el arte es una expresión de creatividad. A mí no me gusta decir que soy un chico o que soy una chica. Tengo una mezcla de géneros en mi personalidad, un lado femenino y un lado masculino. Con el resultado de esta personalidad expreso mi arte y desarrollo mi vida personal. Hay muchos artistas que expresan su arte a su manera, sin tener que definirse como masculino o femenino. Yo prefiero los papeles de mujeres porque en el mundo del ballet, ellas me parecen interesantes y ellos  tontos; hay una complejidad en los papeles de la mujer que me resulta muy atractiva y me da la posibilidad de jugar con ellos y hacer algo personal. También me parece interesante mantener esa magia de cuento que tienen muchas de las historias del ballet, pero al mismo tiempo reflejar temas más actuales. En nuestro Cascanueces, por ejemplo, ya hay temas de género y no conmigo, sino con una bailarina muy joven que he encontrado y he visto algo de mí en ella. En nuestro Trencanous (Cascanueces) es la chica la que salva al chico en la batalla de las ratas, en vez de ser el príncipe el que la salva a ella, como ocurre en la versión tradicional. A mi padre, por ejemplo, no le gustaba que yo jugara con muñecos. Y esto es algo que he cambiado también en nuestro Cascanueces, en donde éste es un muñeco de chicos.

Supongo que estás al tanto de la investigación que se hizo del MeToo en el mundo de la danza. ¿Hay mucho abuso de poder y sexismo en el ballet?
Claro. Es una forma de arte que hay más chicas que chicos, pero las chicas no tienen posiciones de poder; no hay muchas directoras, coreógrafas, maestras de ballet, siempre chicos.

Y, ¿por qué?
No lo sé, pero lo cierto es que hay muchas chicas que tienen que aceptar este tratamiento para avanzar en sus carreras. Es una historia muy antigua en el mundo del ballet. Una chica tiene que aceptar o hacer cosas sexuales o abuso. Sí, hay maltrato en muchos sitios y no me gusta. Eso es algo que yo quiero cambiar y yo quiero ser justo con los bailarines. Pero el abuso existe y es muy fuerte. 

¿En Los Ballets de Trockadero también existía algo de esto?
Bueno, abuso de poder….  A mí me gusta Trockadero. He disfrutado mucho y el director tiene lados buenos y malos también. Lo que no me gusta es que hay un poco de generofobia y homofobia porque quieren chicos como chicos y hay un mensaje de antifeminismo y en realidad como yo lo veo es una celebración de mujeres, un homenaje de mujeres. No hay casos de maltrato sexual ni de relaciones del director con bailarinas, pero existe la discriminación de género, ese es el problema.  

Pero, ¿sientes que has ido consiguiendo cosas, que se avanza en la lucha de género y una persona puede interpretar el rol que le dé la gana al margen de su sexo? 
No; yo he bailado en La Bella Durmiente con el English National Ballet y he hecho historia por interpretar un papel como bailarina, siendo un chico. Punto. Desde entonces nadie más ha roto barreras.

Supongo que el mundo del ballet está muy cerrado al tema de roles de género.
Si, como siempre hay políticas, hay comisiones, hay spónsores. Es muy tradicional, es difícil porque yo ahora tengo una posición como director artístico del Ballet de Barcelona, pero no tengo miedo. Yo no tengo este problema de una junta directiva presionando ni diciéndome que no puedo aceptar a tal o cual bailarina para formar parte de mi compañía. Estoy esperando a una persona transgénero, una persona como yo o una chica que puede bailar papeles de chico. Tengo curiosidad por ver si se pueden abrir nuevas posibilidades en el ballet, pero de momento no las hay, es un mundo muy cerrado. 

Con algunos bailarines de la compañía tras el estreno de El Trencanous

Este mes de mayo el Ballet de Barcelona cumplirá un año de vida. “Empezamos con dos chicos y cinco chicas y, un mes después teníamos nuestro estreno en el Teatro Condal en Barcelona con tres bailarines y 10 bailarinas. Ahora tenemos 6 chicos y 20 chicas. De momento eso es lo que hay; no contamos con ayuda del Gobierno ni con ayuda privada. Para un chico es mucho más fácil encontrar un contrato en una compañía que para una bailarina. Los chicos lo tienen más fácil porque hay menos. Pero nosotros tenemos mucha ilusión, en un año hemos hecho más de 20 espectáculos y 3 producciones y nuestra visión es clara: Los bailarines tienen un sitio para bailar, nada más, nada de políticas. Estoy muy orgulloso, más que en ningún momento de mi carrera como bailarín. Veo a los bailarines en el escenario y me siento muy contento. Formamos un equipo estupendo con Carolina Masjuán, Carlos Renedo y yo. Y también aprendemos de las otras compañías que han intentado funcionar en Cataluña, como la de Ángel Corella o David Campos.

¿Qué es lo que aprendéis?, porque en cierta manera han fracasado, han tenido que cerrar.
Si, ahora somos la única compañía de ballet en Cataluña que hacemos espectáculos, pero analizamos lo que les ha pasado a estas compañías para descubrir qué es lo que deberíamos y lo que no deberíamos hacer, ver los errores y ver qué es lo que funciona. Pero hablamos de todo lo que han hecho otras compañías para descubrir qué deberíamos hacer y qué no deberíamos hacer, ver los errores y ver qué es lo que funciona. Por una parte, Ángel Corella ha hecho cosas muy buenas, pero hay errores. David Campos, lo mismo. También la compañía original del Ballet de Barcelona en los años 60 y el Liceo Ballet. Aprendemos de la historia.

¿Qué errores cometió Ángel Corella? Sus producciones eran muy buenas, pero al final parece que lo que pasó es que no le llegaba el dinero que le daba la administración catalana.
Bueno, yo entiendo que Ángel Corella artísticamente tiene bailarines y obras de una calidad mundial. Corella venía del American Ballet Theatre, en donde están los mejores bailarines del mundo, pero quizás fue un poco demasiado rápido. El Gobierno no quiere dar ayudas tan pronto. Es obvio que en principio tenemos que funcionar sin ayuda de la Generalitat; hay que empezar suavemente, crear la compañía y darle fiabilidad en el tiempo, hacer ver con números y con datos que es una compañía viable. No puedes crear una compañía y después de seis meses solicitar una ayuda de 100.000 euros, eso aquí no funciona. Hay otros grupos en el mundo de la danza que necesitan ayuda también. Tenemos que trabajar y esperar. Hacer espectáculos, crecer como compañía, ganar reputación y público. Es una locura solicitar una ayuda importante del Gobierno sin haber adquirido la categoría de compañía consolidada. Necesitas evidencias de tu trabajo. Y ahora, después de un año, ya tenemos algo: 3 producciones, 25 bailarines, vestuario, escenografía, críticas, público y un montón de teatros.

¿Y cómo te financias? ¿De dónde sacas el dinero para hacer que la compañía vaya creciendo en producciones, espectáculos, etc.?
Entradas, caché y más o menos ya está. Tenemos también un programa de formación para bailarines que han acabado sus estudios en escuelas de todo el mundo, a los que ofrecemos la oportunidad de trabajar con nosotros en un entorno ya profesional con la ventaja de que participan en algunas de nuestras producciones. Aunque es un programa especifico para ellos, también repercute en la compañía.

¿Y es suficiente?
Es lo que tenemos y con lo que funcionamos en este momento. La cosa es diferente en los Estados Unidos en donde el Gobierno favorece que la gente aporte dinero para la cultura; la situación también es muy favorable en Alemania porque allí la Administración respeta mucho el ballet y hay muchos espectáculos y muchas compañías. Y tanto Ángel como David intentaron conseguir muy rápido una ayuda que aquí no se da. Es necesario que cambie la mentalidad del Gobierno. Si, es cierto que la gente aquí es muy aficionada a la danza clásica y los teatros se llenan, el problema es que se valora más a las compañías extranjeras. Si viene una compañía rusa, aunque no tenga calidad, sólo por el hecho de ser rusa vende, mientras que lo de casa se valora menos.


lunes, 20 de abril de 2015

Entrevista a Kazuko Omori

Kazuko Omori. Foto: Manuel de los Galanes
Kazuko Omori, ha sido un icono en la compañía de Ángel Corella con la que ha estado desde el principio hasta el fin. Afincada en Barcelona, hemos tenido el placer de entrevistarla y si ya como artista la admirábamos por la calidad de su danza, por su dominio de la técnica, pero también y sobretodo por su forma de trascender al público, conocer su trayectoria y descubrir a la persona, su sencillez, cercanía y humildad, su tesón, su coraje y valentía, nos han cautivado totalmente.

Carolina Masjuan

¿Cómo te aficionaste a la danza? 
Cerca de casa había una escuela de danza y mi madre me preguntó si quería ver como daban clase. Fuimos y me gustó mucho y dije que quería bailar. Tenía cuatro años. De niña no me gustó mucho la disciplina pero me encantaba la faldita, el maillot y los tutús ¡eso sí!. Quería ponerme ya las puntas pero a esa edad aun no se puede y eso no me gustaba je, je....

Kazuko en Clear de Stanton Welch. Foto: Fernando Bufalá
¿Hay diferencias en la concepción de la danza en Japón respecto a Europa? 
Creo que en general, el sistema y la forma de trabajar es igual, pero en Japón tenemos otra cultura, está el Kabuki, el Teatro Noh, ... y el dinero se destina más a potenciar nuestra cultura que para la danza, que no es algo típico de nuestro país. Las compañías no están subvencionadas, solo una, el Ballet Nacional recibe algo del estado y los bailarines cobran, pero ese es un caso excepcional.

El Ballet de Tokio, por ejemplo, y en general también todas las demás, se financian a través de sus escuelas que suelen tener muchísimos alumnos. Los ingresos de la escuela se destinan a la compañía e incluso generalmente los bailarines pagan para poder bailar. Las familias subvencionan de ese modo las compañías que también pueden tener sponsors privados. 

En muchos casos, cuando las familias no tienen tantos recursos, los bailarines recurren a otros medios para poder bailar, o venden ellos mismos las entradas en las taquillas, o dan clases, o incluso tienen otro trabajo distinto, dependientes, camareros, etc... Así que ya ves, aquí nos quejamos pero allí es mucho peor, allí sí que ser bailarín es algo totalmente vocacional, porque para muchos el sacrificio es enorme. Aunque en muchos casos, los bailarines vienen de familias con un buen nivel económico y para los padres es también como un prestigio que sus hijos sean bailarines.

Kazuko con Ángel Corella en Don Quijote
¿Cual fue tu trayectoria
Desde los cuatro hasta los dieciséis años, estuve tomando clases en Japón y cuando decidí que quería ser bailarina, me fui a la escuela del Royal Ballet de Flandes donde estuve dos años y luego entré en la compañía y estuve un año. En Japón se trabaja mucho, sábados, domingos y festivos incluidos, tanto en la escuela como en la academia de danza y se tienen menos vacaciones. Yo creía que en Europa sería más relajado pero en realidad no fue así. En Flandes trabajábamos muchísimo: clásico, repertorio, contemporáneo, pasos a dos, jazz, danzas de carácter y española… además no sabía el idioma, aunque hablábamos mucho en inglés, pero no acababa de encajar y también fue una época bastante dura.

Cuando finalicé la escuela, al principio no me cogían para la compañía e hice muchísimas audiciones sin ningún resultado positivo pero en Junio, cuando ya creía que no iba a encontrar nada, salió una vacante en el Ballet de Flandes y me la ofrecieron. Pero aquel era un ambiente muy cerrado y al ser todos de la escuela y luego pasar a la compañía, no me acababa de sentir a gusto, era algo asfixiante, así que decidí dejarlo. De nuevo estuve audicionando pero no me salía nada y al final me fui a Hong Kong.

Kazuko Omori. Foto: Manuel de los Galanes
El Ballet de Hong Kong me ofreció un puesto sin ni siquiera verme, sólo con un vídeo así que estuve muy contenta y además estaba más cerca de Japón. Creo que fue una cuestión de buena suerte, mi vídeo llegó en el momento oportuno. En Hong Kong es muy fácil obtener el visado así que me fui para allá y estuve tres años pero me di cuenta que en realidad me había adaptado al estilo europeo y ¡¡aquello sí que era duro!! Igual que la película “El Primer Bailarín de Mao” ¡era como el sevicio militar! (risas), además allí casi todos eran chinos, excepto el director, Stephen Jeffreys ex bailarín principal del Royal Ballet y su esposa, con los que las cosas funcionaban muy bien, pero el segundo director era de mentalidad china total y la exigencia física y mental era casi inhumana. Además, al no ser china y formada entre Japón y Europa, noté que no se me aceptaba del todo, ni tampoco mi forma de bailar. 

Ensayando Nikiya con Natalia
Makarova y Ángel Corella Solor.
Foto: Rosalie O'Connor
Me lesioné muchas veces porque piensa que eso era: 100% de clase, 150% de ensayos y 200% de escenario, non stop, ni un momento para relajarte o desconectar. Entre cajas no se permitía ni una broma ni un momento de relax, era alucinante... Resistí tres años y debo reconocer que aprendí muchas cosas, a ser fuerte, a tener paciencia, .... La mayoría de europeos no aguantan ni un año, es demasiado duro el ritmo que te imponen.

Al final me colapsé y me fui a mi casa y con 22 años estaba pensando qué hacer con mi futuro, me tomé un año sabático y aunque sabía que yo físicamente era bastante fuerte, pensé que me iría bien dejarlo todo por un tiempo, recuperarme bien y meditar porque aún estaba a tiempo de estudiar una carrera y dedicarme a otra cosa.

Pero volví a tomar clases al medio año y tuve la suerte de encontrar a mi profesor, el maestro esloveno, ex bailarín de los Ballets de Montecarlo y de la Forsythe Company y también coreógrafo entre otros para el Ballet de Berín, Leo Mujic, que aunque es muy joven, supo aconsejarme muy bien y al que tengo un enorme respeto ya que ha sido alguien muy importante en mi carrera. Recuerdo lo último que me dijo, cuando yo ya era primera solista en la compañía de Ángel: “No te acomodes en tu posición actual”. Yo ya sabía que él estaba muy feliz por mi y por lo que había logrado pero él siempre me empuja y me estimula, aunque a veces parezca muy duro, sé que forma parte de su aprecio hacia mi... en fin, que son cosas que forman parte de la vida de los bailarines profesionales, hay que asumir que se debe trabajar muy duro, aprender muchas cosas nuevas cada día para seguir avanzando....

Con Herman Cornejo ensayando con la
Compañía. Foto: Fernando Bufala.
Pero volviendo a ese tiempo en el que yo estaba decidiendo que hacer, él me dijo que debía prepararme y se ríe al recordarlo) pero no era tan fácil, podías fijarte el objetivo pero no funcionaba... y yo quería buscar un trabajo para vivir de la danza. volver a audicionar. Lo hice y me fui a Alemania para, desde allí, volver a empezar a presentarme en todas partes. Alemania tiene muchas compañías y también sus países vecinos, así que ese era un buen sitio para probar suerte. Pero la historia se repitió, estuve tres meses haciendo audiciones, públicas, privadas y nada de nada. Luego me fui a Nueva Zelanda, a USA pero allí el estilo es bastante diferente, pasos mucho más rápidos y un movimiento muy distinto, hice varias audiciones pero en ese momento no encajaba, así que volví a Alemania y Leo, mi profesor en Japón, me dijo “debes plantearte qué compañía quieres tú” ”¡con esa mentalidad de que debes aceptar lo que sea, no puedes buscar trabajo!!”

Y otra vez más audiciones y de nuevo nada de suerte... pero en esta segunda temporada en Alemania tenía una amiga en Portugal y me dijo que fuera allí a tomar clases y viera su compañía que aunque pequeña iba haciendo algunas cosas. Me fui allí y estuve bailando, aunque sin ningún contrato, en un proyecto de la Kamusua Ballet Company que dirigía un chico que había bailado en el Ballet Gulbenkian y tenía un pequeño grupo de bailarines con los que iba haciendo cosas, César August Monis. En Portugal conocí a mucha gente, pero cuando acabó el proyecto hice más audiciones y, de nuevo sin suerte, volví a Japón.

¿Cuando y por qué llegaste a España? 
Entonces, como quería trabajar, empecé en una compañía de publicidad, aunque seguía tomando clases. Acababa de empezar en el trabajo cuando una amiga me comentó que había un chico que buscaba bailarines en Barcelona. Era George Birkadze (luego integraría las filas de Ángel Corella y encontraría allí a su pareja Ashley Ellis) que tenía un proyecto con el Liceu para proporcionar bailarines para las óperas y algún que otro trabajo en el que se necesitara bailarines de apoyo, pero yo no podía ir inmediatamente porque tenía el contrato firmado con la agencia y dije: ahora no puedo, pero dentro de tres meses igual sí... y pasados unos meses me dijeron que aún buscaba y me fui a Barcelona.

Kazuko Omori. Foto: Manuel
de los Galanes.
Pero cuando llegué resultó que no, que llegaba demasiado tarde y que el sitio ya estaba cogido... No obstante, me quedé para visitar la ciudad y pensar qué hacía, además George se sentía un poco responsable y me ayudó, hablaba de posibles trabajos futuros tal vez en el Liceu o tal vez con David Campos, eran posibilidades... así que me quedé... y entonces en la escuela de Eulalia Blasi, tomando clases ¡¡coincidí con Ángel!! Le encontré ya en la calle al ir hacia allí, me presenté y tomamos la clase juntos, me contó sobre la gira que iba a hacer con bailarines del ABT y creo que era Erika Cornejo que al final no podía ir y él me ofreció su puesto, así que me fui de tournée por España con ellos.... y de allí a la compañía.

De hecho creo que siempre ha habido como una especie de predestinación especial con Ángel. Cuando yo era una estudiante, coincidí con él en el aeropuerto de Tokio. Era sumamente tímida pero me decidí y le pregunté si era realmente él y como no tenía ningún papel para pedirle un autógrafo, le pregunté si podía estrechar mi mano, él lo hizo y siento que eso ya fue como un presagio de que en el futuro nos encontraríamos y bailaríamos juntos.

También pienso que aunque en mi estancia en Alemania no surgiera nada, al final en realidad fue gracias a todo ese tiempo de audiciones por lo que surgió la oportunidad de Barcelona. Una ciudad que ha significado mucho en mi vida.

¿Cómo recuerdas los inicios con la Compañía de Corella? La experiencia fue corta pero apasionante, al menos para los espectadores, que ya sabéis que estuvimos totalmente entusiasmados y agradecidos de esa gran aventura en la que entre todos, equipo directivo y artistas, nos permitías participar. ¿Sentíais vosotros esa misma magia? 
Yo siento que eso era un sueño, lo sentíamos todos tan nuestro y veíamos la ilusión de los espectadores... es increíble que una cosa tan grande se dejara perder... en Barcelona principalmente, pero en toda España. No entendemos que tanto talento como hay en el país y tanta afición por el ballet, no sean tenidos en cuenta, es una auténtica lástima. Yo siempre le estaré enormemente agradecida a Ángel por permitir quedarme en España y haberme dado la oportunidad de tener grandes y maravillosas experiencias, las cuales me han hecho crecer y avanzar muchísimo a nivel personal y profesional.

Con Natalia Makarova y Ángel Corella ensayando
La Bayadère. Foto: Rosalie O'Connor
Has sido de los pocos bailarines que te quedaste y seguiste con el pequeño grupo que giró hasta principios de este año. ¿No te planteaste nunca irte? 
No, nunca. Allí era realmente mi sitio, allí me sentí muy bien, me llenó y me hizo crecer mucho como artista, además de la variedad de estilos que bailamos: repertorio, Balanchine, Neoclásico, contemporáneo, obras creadas para la compañía,... y que tanto han significado para mi formación y para completarme. Ahora ya me siento preparada para asumir cualquier reto en cualquier continente.

¿Podemos hablar de algo fuera de lo estrictamente artístico? es que hay algo que me parece muy curioso y muy bonito a la vez y es la cantidad de parejas surgidas a raíz del ballet de Ángel, ¿tan buen ambiente hubo que surgía el amor por doquier? 
(Risas) Yo creo que en todas las compañías suele pasar que se forman parejas, pero la nuestra además piensa que empezó en La Granja... y allí ¿qué haces? Era muy aburrido, no podíamos ir a ninguna gran ciudad que te ofrece mucho más. Al principio todo era nuevo y estaba bien pero luego era monótono, Madrid estaba cerca pero el tiempo también era muy inclemente, mucho frio, nieve... así que normal tantas parejas ¡pero sí que es cierto que además casi todas siguen!!! (¡¡Sin contar los que ya integraron la compañía siendo pareja, podemos recordar por lo menos ocho nuevas, un buen ranking!!)

Kazuko en A+A. Foto Josep Guindo
Tu caso también es un poco especial, creo, ¿no? ¿Te apetece contarnos cómo conociste a tu pareja española? 
Conocí a Roberto porque él me alquiló el piso en Barcelona justo cuando llegué. Como tenia billete abierto para tres meses en lugar de permanecer en un hotel o hostel, decidí instalarme y así fue cómo nos conocimos. Roberto había vivido dos años en Japón y aunque allí no hablaba el idioma, aquí en Barcelona se matriculó en la escuela oficial de idiomas y ahora ya lo domina. Así fue cómo nos conocimos y ahí empezó todo.. ¡¡Ya ves que con Barcelona tengo una conexión muy fuerte!!

¡Gracias Kazuko! y siguiendo con la compañía ¿qué remarcarías de ese periodo? ¿qué te aportó formar parte de ella? ¿qué destacarías especialmente? 
Trabajar con Natalia Makarova fue lo mejor de todas las experiencias vividas en el mundo de la danza. Trabajamos con Christopher Wheeldon, los ballets de Twyla Tarp, Stanton Welch, con Ángel, con muy buenos maestros, fue fantástico, todo maravilloso, pero nada como haber podido trabajar con Natalia Makarova. Que ella te prepare en privado, tenerla en los ensayos, compartir con ella esos momentos.... fue algo único, algo realmente excepcional a lo que muy difícilmente se tiene acceso y que considero un gran privilegio.

Kazuko Omori. Foto: Manuel de
los Galanes
Creo que sigues tomando clases, participas en algunas galas o como invitada en compañías, vas a menudo a Japón, das clases..... ¿qué puedes contarnos de tu vida actual y de tus planes? Sí, desde febrero 2015, actúo como free lance. Me contratan para Galas o como invitada en compañías, también doy clases y a la vez las tomo en la Corella Dance Academy. Y últimamente voy mucho a Japón, bailo allí en Galas, invitada y voy teniendo trabajitos que me permiten mantenerme. Dar clases es algo que me gusta mucho y que creo que me prepara para un futuro.

Este verano en Japón voy a bailar El Lago de los Cisnes y a hacer cursillos con un profesor del conservatorio de París. Él da la primera clase, luego los alumnos dan repertorio conmigo y luego gyrokinesis. Éste es el proyecto de este verano y también bailo con un partenaire de allí, de hecho tengo dos con los que nos llevamos muy bien y cuando salen oportunidades las aprovechamos.

Ahora estoy en un buen momento pero, aunque estoy bailando como free lance y no paro de hacer cosas, tengo muchas ganas de volver a bailar en una compañía de forma fija y estable. No me importa si es Europa o USA, ya que después de esta experiencia de ocho años con Ángel, puedo asumir cualquier estilo y cualquier repertorio y adaptarme bien a cualquier compañía.

Nos despedimos deseándole toda la suerte del mundo. Desde luego añoraremos su talento y su belleza en escena, siempre es una gran fuente de inspiración ver a esta bailarina, la compañía que la contrate será muy afortunada.

Con Russell Ducker en A+A. Foto: Josep Guindo







miércoles, 15 de abril de 2015

Entrevista a Ada González y Júlia Roca

Ada y Júlia en su época de estudiantes del CDC.

Ada González y Júlia Roca, dos jóvenes bailarinas catalanas formadas en el Centre de Dansa de Catalunya (CDC) que dirigen Joan Boix y Roser Muñoz, bailaron en Barcelona, su ciudad, invitadas para la Gala de clausura del Certamen Internacional de Danza Ciutat de Barcelona y charlaron con nosotros. 

Carolina Masjuan 

Ada es bailarina principal en el Ballet de Sibiu, Rumanía, Júlia es bailarina en la Companhia Nacional de Bailado con sede en Lisboa. Dos jóvenes con gran talento que sólo tienen palabras de elogio para la escuela en la que se formaron y sus dos directores, Joan Boix y Roser Muñoz, en la que Roser fue su  mentora y a quien responsabilizan de haberles inculcado su gran amor por la danza y haber provocado su decisión de querer ser bailarinas. 

Ada en Giselle. Foto: Ovidiu Matiu
Ada empezó en la escuela Company & Company dónde hacía diversos estilos de danza y cuando Joan y Roser fundaron su escuela, el CDC, se fue con ellos para seguir formándose y convertirse en una bailarina clásica “con doce o trece años aún no sabes exactamente qué significa ser una bailarina, es al ir madurando cuando te das cuenta de ello y puedes decidir si realmente es lo que quieres y si te encuentras con alguien como Roser, que sabe transmitirte todo su bagaje y sobretodo su amor por este Arte, la decisión de bailar se transforma en algo casi instintivo, como si no se me hubiera dado elección” afirma.  

Júlia empezó en el Oriol Martorell, audicionó para el Institut del Teatre y la cogieron, pero tras algunos cursos, en el verano entre cuarto y quinto curso de grado medio, decidió ir al curso de verano en Company & Company donde impartían clases Roser y Joan, y de ahí quiso quedarse con ellos porque en el Instituto no se sentía estimulada, “ninguna de mis compañeras pensaba seriamente en ser bailarina, estuve casi a punto de dejar la danza, así que decidí ir a Company & Company y de ahí al CDC y en el CDC no puedes dormirte, Joan y Roser te dan mucha caña y si quieres convertirte en bailarina eso es lo que necesitas” comenta entre risas. 

Julia en Cascais. Foto: Leandro Araujo
Así que parece que el CDC y sobre todo en su caso, Roser Muñoz, bailarina estrella de varias compañías europeas: Roland Petit, Ballet de Toulouse y sobre todo el Ballet de Liepzig, donde fue musa del coreógrafo y director Uwe Scholz, es la responsable de que para suerte nuestra, ambas decidieran dedicarse a la danza. Por cierto, justo después del Certamen, Roser se desplazaba a Madrid para montar una pieza de Uwe para la Compañía Nacional de Danza que dirige José Carlos Martínez. 

En el CDC se fomenta la participación a concursos, ambas ganaron, entre otros, una edición del Certamen Internacional de Danza Ciutat de Barcelona, que ahora las ha invitado ya como artistas profesionales, para representar a la danza catalana en la gala de clausura. Consideran que aunque no es imprescindible presentarse a concursos para convertirse en bailarín profesional, sí que eso te obliga a prepararte a fondo con una variación, te permite pisar escenario, valorarte, compararte y darte cuenta de cuáles son tus puntos fuertes y débiles, ensayar más y apreciar el nivel que existe en otros países, lo cual siempre es bueno y "sirve de estímulo externo cuando a veces pierdes la motivación", nos comenta Ada. 

Júlia se muestra de acuerdo y añade que son pequeños escalones que uno va subiendo para conseguir su objetivo, un concurso, otro, esta vez con más nivel, un festival, una actuación del curso de formación, pequeños avances hasta tener el nivel necesario para poder audicionar. “La participación a concursos motiva para trabajar, hace que tomes responsabilidades, aunque también te  pueden frustrar, pero a la vez te hacen más fuerte” afirma. 

Ada y Stefan Mester en El Corsario. Foto: Ovidiu Matiu

Hablando de audiciones sus experiencias no podían ser más distintas. Ada realizó nueve en tres meses antes de que la contrataran. Nos confiesa que cada “no” significaba una profunda decepción, además del gasto en unos viajes que llevaban a ninguna parte. Al final mediante un mail y un video obtuvo su primer contrato en la segunda compañía más importante de Rumania, el Ballet de Sibiu –la primera es la nacional que dirige el bailarín danés ex estrella del Royal Ballet, Johan  Kobborg-. 

Júlia, en cambio, se desplazó a Amsterdam para audicionar para el HET y aunque no obtuvo contrato para esta compañía, la vio la directora de la Companhia Nacional de Bailado de Lisboa y le ofreció un contrato temporal allí para su ballet de la Bella de Ted Brandsen (Director del Het), que se iba a representar en breve. También había audicionado para el ballet de Lituania dónde también la cogían, pero optó por el Ballet Nacional de Portugal en el que ese contrato temporal se convirtió en fijo al poco tiempo. O sea, que sus dos únicos intentos tuvieron resultado positivo. 

Júlia Roca. Foto: Alexandre Cabrita
“El caso de Júlia no es lo habitual” comenta Ada, “lo normal es que te dejes la piel audicionando y que el contrato tarde mucho en llegar” afirma, y añade “con esto no quiero sacar ningún mérito a Júlia, al contrario, es una gran trabajadora y luchadora que tuvo la suerte que merecía, pero sí que es verdad que es muy difícil conseguirlo a la primera”.  “Audicionar es un proceso muy duro, tú lo único que deseas es encontrar un sitio donde seguir formándote y crecer, porque aún queda mucho camino y cada negativa es como descender un poco en tu propia valoración” añade. 

Ahora mismo ambas están muy contentas y agradecidas con sus respectivas compañías. Ada se ha convertido en una estrella en Sibiu donde está teniendo magníficas oportunidades. Todos los roles principales del repertorio clásico los está bailando de forma ininterrumpida "es muy cansado y a veces no te sientes a la altura, pero te da la experiencia para mejorar en tu siguiente espectáculo, no puedes querer ser perfecta a la primera, aunque es bueno intentarlo" comenta con esa convicción y claridad de ideas que sorprende en alguien tan joven. Y es que en poco más de un año ha bailado Giselle, Odette/Odile, Aurora, Kitri y ahora Lisa en la Fille Mal Gardée

“Es lo bueno que tiene estar en una compañía pequeña, tienes muchas más oportunidades y aunque no es la principal de Rumanía, bailamos mucho y tiene mucho reconocimiento en el país”. Ada nos explica que la adaptación a Rumanía, sus costumbres y su lengua, en la que ya se defiende muy bien, y a la compañía, ha sido mucho más fácil gracias al apoyo de su pareja, el bailarín rumano Stefan Meşter, pareja profesional y también sentimental de la bailarina, que la ha ayudado en todos los sentidos, “también en el tema de la dieta, algo con lo que siempre he tenido ciertos problemas” confiesa. Además se da la circunstancia de que Mester, quien ya llevaba dos temporadas en el Ballet de Sibiu cuando ella llegó, tiene familia afincada en Barcelona. 

Ada en Carmen. Foto: Ovidiu Matiu
Siempre se está  abierto a ofertas, pero hay aún mucho trabajo por hacer y donde están, van progresando mucho, consolidando su técnica, ampliando su repertorio y creciendo como artistas. Se sienten muy a gusto así que “abiertas a ofertas que puedan llegar sí, pero de momento muy felices de estar donde estamos” exclaman satisfechas. 

Júlia, que también domina ya el portugués, se muestra así mismo muy contenta ya que tiene muchas oportunidades y aunque no los baile en el escenario, también ella aprende los roles solistas de los principales ballets de repertorio y muchas obras contemporáneas. Ha sufrido alguna lesión que la ha obligado a mantenerse apartada del escenario durante un mes, de hecho a principios de marzo tuvo que dejar la escena porque se rompió un dedo del pie. Sólo había tomado cuatro clases antes de bailar ahora en Barcelona y a su favor tenemos que decir que su interpretación de Myrta nos cautivó. Si ya en la primera pieza neoclásica (Modern coreografia propia, con música del pianista Massimiliano Greco) demostró una solvencia técnica fuera de toda duda, supo dar a Myrta toda la prestancia de la Reina de las Willis, sus pequeños grand jetées sumamente ligeros, su perfecta posición del torso y sus equilibrios, nos brindaron una Myrta muy representativa de lo que se espera de este personaje. 

Ada por su parte bailó, junto a su apuesto Don José, Stefan Meşter, claro, un paso a dos de la versión de Carmen del coreógrafo rumano Adrian Mureşan. La verdad es que por lo que vimos en este paso a dos, nos quedamos con ganas de ver el ballet completo. Ada estuvo sensual y provocativa, Don José como no podía ser de otra forma, totalmente cautivado. Un paso a dos con unos portés muy bonitos y muy bien ejecutados, que se llevó una gran ovación. La otra intervención de la pareja fue el paso a dos del cisne blanco de El Lago de los Cisnes, muy bien bailado e interpretado, junto con su Siegfried, de nuevo Stefan Meşter. Ada, por suerte, es resistente y no ha sufrido lesiones serias, alguna tendinitis, pero en general se considera muy afortunada en este sentido. 

Julia como Medora. Foto: Gina Nunura

El repertorio preferido de ambas bailarinas es el clásico puro, “por su belleza y perfección, pero también hay que ser realista y asumir que es el que más castiga”. “Tras una buena carrera, la opción de piezas neoclásicas puede ser también muy gratificante ya que hay obras preciosas en ese estilo, y sigue siendo ballet, que es para lo que hemos sido más entrenadas” comenta Ada. “Para mí el ballet es una forma de arte única. Se pueden decir cosas a través del ballet, que nunca podrían expresarse con palabras, el ballet tiene la habilidad de sensibilizar a las personas a un nivel muy profundo. En cierto modo, el ballet ahora es más valioso que nunca”. “Hoy en día todo pasa muy rápido y la vida está tecnológicamente sobrecargada. Las personas están constantemente mirando el ordenador, en las redes sociales y utilizan sus teléfonos para entretenerse. Pero ir al teatro a ver un ballet es único, ya que es completamente en vivo y en el momento, sin filtros; es real y tangible” comenta Julia con pasión.

Respecto a sus respectivas experiencias en Portugal y Rumanía, Júlia se siente muy satisfecha en Portugal porque se potencian mucho las artes. La compañía está subvencionada y nadie se lo cuestiona, aunque claramente se note la crisis, se da a la cultura la importancia que merece y los portugueses se sienten muy orgullosos de tenerla y la siguen con mucho interés. 

Ada en Odile con Mircea Mintenau. Foto: Ovidiu Matiu 
En cuanto a Rumanía, Ada se erige con decisión como defensora a ultranza de este país, bastante, por no decir, muy, desconocido por la mayoría de españoles y que se suele asociar a un país de gitanos. “Pues NO”, dice Ada, “es un país con mucha cultura y cuyos habitantes la defienden y la reivindican”. “Hay siete compañías de danza, con eso te lo digo todo y ¿qué tenemos aquí? ¿de qué podemos enorgullecernos nosotros? Yo diría que tenemos una compañía y media en Madrid, el proyecto de los Ballets de la Generalitat Valenciana y punto” afirma contundente. “La de Sibiu es la que estaría en segundo lugar en Rumanía, no se puede comparar con la primera que es la famosa, pero es una buena compañía que da trabajo a los bailarines de allí y brinda oportunidades a otros” afirma. 

De Cataluña y el Liceu prefieren no hablar tal es su descontento e indignación. No entendemos cómo no hay una compañía de ballet donde los bailarines de aquí tengan la opción de quedarse si lo desean. Hay tradición en danza, pero se desconoce y parece que no interesa que se sepa o incluso los responsables culturales no saben acerca de ello. Tiene que haber un Ballet de Barcelona, lo reivindicamos. “Yo estuve en las filas del Ballet de Barcelona de Ángel Corella, con su Lago de los Cisnes en el Liceu y en su gira americana y fue una experiencia maravillosa. Todos soñábamos en que la compañía se consolidara y permaneciera. No se entiende que no supieran valorarla y que no tengamos nada, ni se lo planteen de ninguna forma” afirma Júlia. 

“La gente en general piensa que aquí no somos buenos en ballet, creen que solo lo de fuera es bueno y que
Júlia en una foto de estudio.
Foto: Rodrigo de Souza
es más seguro que los ballets extranjeros vengan, porque en España solo somos buenos en futbol y algún que otro deporte más... (pongo por ejemplo una vez que asistí a El Lago de los Cisnes representado por 'El Ballet Ruso' y tristemente, fue horrible de ver, pero como es extranjero piensan que tiene que ser bueno y hay público que no entiende pero que quiere ver ballet y ve lo que le dan, y ¿por qué no tener un ballet que presente un repertorio variado y constante en Cataluña?) , hay un gran desconocimiento del nivel y la cantidad de buenos bailarines que han habido y están habiendo en España. Una pena no ser reconocido en tu propio país” comenta Júlia con tristeza.

Bailarines que les inspiran y a quienes admiren….. “ufff son tantas las bailarines que me gustan, cada una por una cosa distinta” comenta Júlia. Pero hay un nombre que sobresale por encima de todos y en el que coinciden: Marianela Nuñez, “por su enorme calidad artística, desde luego, pero también por su accesibilidad y humildad” nos dice Júlia. Ada especifica: “para mí Marianela, aparte de romper con unos cánones físicos que parece que se apoderan del mundo de la danza últimamente, y su técnica impecable, me cautiva por como ha hecho cada rol clásico tan suyo, como ha dotado de una nueva personalidad a cada rol principal, y me parece muy bonito que alguien, después de tantos años de tradición, haya innovado en cada rol y pueda servir de inspiración a nuevas bailarinas para que creen su propia personalidad al bailar cada ballet, en lugar de copiar la una de la otra”. “Es un ejemplo en todos los sentidos” concluyen. 

Hablamos del IBStage, de la impresionante ocasión que significa para los jóvenes aspirantes a bailarines y la repercusión que supone para Barcelona. Comentamos el hecho de que Marianela probablemente repita en la Gala de este año y ambas se entusiasman, aunque en esas fechas normalmente no les es posible desplazarse a su ciudad. 

Ha sido un placer charlar con ellas y sobre todo verlas bailar en Barcelona, donde no tienen muchas oportunidades de hacerlo. Sus respectivas compañías hacen algunas giras, o lo intentan en el caso del ballet de Sibiu, ya que la última al final no pudo realizarse, pero de momento no hay ninguna previsión de que así sea. Pensamos en Terrassa y su magnífica y longeva temporada de danza, o en Sant Cugat… ¿por qué no? 


Muchas gracias a ambas y esperamos que ¡hasta pronto!