miércoles, 2 de mayo de 2018

Tres fantásticos bailarines españoles en el Stuttgart Ballet


De izda. a dcha. Elisa , Martí y Alicia  (Foto: L.R.)

Alicia Amatriain, Elisa Badenes y Martí Fernández Paixá, tres españoles y fantásticos bailarines del Stuttgart Ballet nos hablan en esta entrevista de las dos caras de su profesión, la belleza de su apasionada vocación y el inevitable sacrificio que implica el darlo todo para desarrollar al máximo un talento.

Lola Ramírez

Sábado 21 de abril. En el Schlossgarten de Stuttgart luce un sol de verano. El termómetro marca 27º de temperatura. Alicia Amatriain, Elisa Badenes y Martí Paixá, se sientan conmigo en una moderna terraza frente a la Ópera, donde mañana Martí debutará en el papel de Colas en La fille mal gardée”. Antes, esta misma tarde, en la Schauspielhaus los tres bailarines del Stuttgart Ballet (SB), interpretarán Die fantastischen fünf (Los cinco fantásticos).

Alicia Amatriain, la más veterana de los tres en la compañía que dirige desde hace 22 años Reid Anderson, recibió en 2015 el título nacional de Kammertaenzerin, el rango más alto que puede alcanzar un bailarín en Alemania. Elisa Badenes es bailarina principal de la formación desde la temporada 2012-2013 y Martí Fernández Paixá es solista del Stuttgart Ballet desde la temporada 2017-2018. Hoy los tres están felices porque gran parte de sus respectivas familias ha viajado a la ciudad alemana para verles actuar.

¿Me encuentro ante tres de Los cinco fantásticos?
Alicia Amatriain es la primera que toma la palabra: “No. El título Los cinco fantásticos hace referencia a los coreógrafos, que son de la casa. Marco Goecke es el único estable y los otros cuatro, Román Novitzky, Fabio Adorisio, Louis Stiens y Katarzyna Kozielska son compañeros nuestros. El SB lleva 60 años dando la posibilidad a sus bailarines de que creen sus propias coreografías. Y de ahí ha salido la idea de hacer este espectáculo.
Elisa: Es la última temporada de nuestro jefe y por eso se hacen estos espectáculos especiales, porque quieren recordar su paso por el SB, lo que ha hecho y cómo ha ayudado a estos jóvenes coreógrafos a crear nuevas piezas
“Reid Anderson -continúa Alicia- se retira después de 22 años en la compañía. Yo he hecho mi carrera con él porque llevo 19 años en el SB. ¡Toda una vida!
Alicia Amatriain (Foto: Roman Novitzky)
A ninguno de los tres les tienta especialmente el mundo de la coreografía, aunque Martí afirma que si bien no le llama mucho la atención, le gustaría “probar”, afirma con una sonrisa que le ilumina toda la cara. Es el más joven del trío y se le nota. “A mí me gusta que se coreografíe con y para nosotros -afirma Elisa- porque también das un poco de ti, los pasos los haces a tu manera y además, a veces, vas a interpretar una coreografía especialmente creada para ti”. “Como ésta, por ejemplo -puntualiza Alicia. Cada pieza ha sido creada para los bailarines que la van a bailar hoy. Se trata de un trabajo conjunto con el bailarín. El bailarín es el instrumento y el coreógrafo va moldeando lo que es la estructura”. Los tres coinciden en que el hecho de que les esté dirigiendo un compañero no afecta a la disciplina que exige su trabajo. “El que está delante, dirigiendo, está delante, sea un compañero, tu mejor amigo, tu marido o tu amante. Está delante y siempre hay que mantener un respeto”, concluye la laureada bailarina.

¿Qué os ha dado y que os está dando de positivo el mundo del ballet?
Elisa: Una carrera, el día a día, completarte como persona. Dedicas tanto tiempo a esta disciplina que al final ocupa tu vida y te llena como persona.

¿Y no roba también mucha vida privada?
Martí: Cuando eres joven y te dedicas al ballet no tienes mucha vida privada, no tienes mucho tiempo para salir y cuando lo tienes estás cansado. Maduras mucho más rápido porque la disciplina que te marcan en la escuela es muy fuerte y eso te hace madurar de otra manera y más rápido.
Alicia y Martí en Die Fantastischen Fünf (Foto: Stuttgart Ballet) 

Y sacrificarte ¿no?, porque te apetecerá salir, beber, ligar, comer, trasnochar… Y eso supongo que se verá en cierta manera limitado.
Alicia: Un bailarín hace exactamente eso igual que otra persona. Yo llevo 19 años en la compañía, mi carrera no es la misma que la de ellos porque la de ellos está en el centro, mientras que la mía está ya por terminar; pero yo no puedo quejarme de no haber tenido una vida igual o mejor que otra persona. Yo he salido, yo he bebido, he comido, sigo comiendo, he conocido gente, me gusta salir de noche, salir a bailar con amigos y eso es algo que cada uno lo tiene que compaginar con su trabajo. Naturalmente no salgo hasta las 7 de la mañana si al día siguiente tengo que bailar un Quijote.
Elisa: Pero es lo mismo que si sales hasta las 6 de la mañana y al día siguiente tienes que ir a la oficina.
Martí: Yo acabo de empezar y los años de la escuela son los más exigentes. Compartir estudios y danza es muy difícil.
¿Habéis podido hacerlo?
Martí: Yo hasta el Bachillerato si.
Alicia: Yo no.
Elisa: Yo continúo haciéndolo. Estoy en la Universidad a distancia, pero es complicado. Cuando estás en la escuela es muy difícil. Yo iba a la escuela normal por la mañana hasta las 5 de la tarde y luego me iba al Conservatorio hasta las 10 de la noche. Entonces olvídate de vida privada y de todo.
Martí: Yo creo que compensa, a mí al menos me compensa.
Elisa: Al final haces un balance entre tu vida profesional y tu vida privada y te compensa.
Alicia: Yo creo que no existe un bailarín o una bailarina sin haber tenido experiencias fuera, en lo que es la vida real. Si no tienes una vida al margen de la danza, fuera de lo que son las clases y el espectáculo, no puedes expresar las mismas emociones. Si te pasas el día en la sala de ballet, trabajando puedes ser técnicamente increíble, pero lo que es el mundo de las emociones, todo eso te viene de las cosas que te ocurren en la vida, de las paredes con las que te pegas y de las puertas que se te cierran. Y todo eso ocurre teniendo una vida privada fuera, después de que se sale de este teatro.
Pero tú misma has reconocido que no has podido compaginar estudios y ballet.
Alicia: Yo personalmente he tenido una escuela bastante diferente que ellos. Llegué aquí a los 14 años y por ley tenía obligación de ir al colegio alemán. Por un lado eso ha sido una ventaja porque he podido aprender el idioma perfectamente. Pero a la vez, al tener horas obligatorias de colegio por la mañana y todo el ballet por la tarde, a mí no me quedaba tiempo. Yo terminaba a las 8 de la tarde y a las 6 de la mañana estaba de pie para poder ir al colegio. Esto es lo único que le falta a Alemania, conseguir como se ha conseguido ya en otros países, compaginar la escuela normal y la escuela de ballet, tener ambas enseñanzas integradas en un mismo edificio. En muchos países ya se ha conseguido, pero aquí todavía no.
Elisa: Pero, te dan un diploma, ¿no?
Alicia: Si, te dan un diploma, pero no es como un bachillerato. Yo no te puedo decir que lo tengo porque no lo tengo.

Elisa Badenes (Foto: L.R.)
Tan cierto como que los bailarines lo tienen difícil para compaginar su carrera con otros estudios, lo es también que su vida profesional es más corta que la del resto de los trabajadores, fundamentalmente porque el cuerpo no puede resistir ese ritmo de exigencia durante muchos años. El futuro de un bailarín o bailarina depende mucho de la compañía en la que haya transcurrido su carrera profesional.

“En la Ópera de París -explica Alicia-, a los 42 o 43 años se les ha acabado la carrera en la Ópera, pero ellos en realidad tienen muchas cosas positivas. Digamos que tienen la vida solucionada, es otro mundo. Antes, en Alemania a los 15 años de estar en un mismo teatro te daban el contrato de por vida o te echaban. Por esa regla de tres yo tendría que haberme retirado a los 33 años. Lo de retirarse a una determinada edad depende, por una lado de las leyes del país en el que estás desarrollando tu trabajo y, por otro, de lo que te diga tu cabeza, de cómo sientas tu cuerpo y de si finalmente quieres seguir o no.


¿Cómo os planteáis  el futuro? ¿Os gustaría morir con las zapatillas puestas?
Elisa: ¡Noooo! Yo creo que a nadie le gustaría eso.
Alicia: Eso se ha quedado anticuado.
Marti: Pues a mí me gustaría…
Elisa: Yo creo que no se puede seguir bailando cuando el cuerpo ya no puede.
Marti: A mí me gustaría seguir en el mundo del ballet, en algo que tenga que ver con este mundo. Llegará un momento en el que el cuerpo me dirá: ¡Basta!, pero a mí me gustaría continuar en algo relacionado con esto.
Elisa: Si, porque es lo que conocemos, lo que hemos estudiado, le hemos dado mucho tiempo, toda nuestra vida y si sigues en este mundo puedes dar mucho de ti porque tienes mucha experiencia. Yo estoy estudiando psicología y me iría más a esa corriente pero quizás relacionado con el mundo del ballet y porque sé que puedo aportar un poco de mí, de mi experiencia.
Marti: Yo no lo sé.
Elisa: Yo te veo con madera de profesor.
Elisa con David Moore en Skinny (Foto: Stuttgart Ballet)

Desde la terraza en la que estamos sentados charlando y tomando un refresco, se observa como fluye la vida en el parque, los patos refrescándose en el estanque y multitud de jóvenes tumbados en la hierba, la mayoría de los chicos con el torso desnudo, disfrutando de un sol que rara vez se deja ver por el cielo alemán en esta época del año. Las chicas, con ropa ligera, de verano, disfrutan también del precioso día. La cuestión sobre lo que el mundo del ballet suele robar a los que se dedican a esta profesión sigue flotando en el ambiente y Martí es el primero que se anima a sincerarse: “A mí lo que me ha quitado el ballet es tiempo, lo que estábamos hablando antes. Sobre todo en la adolescencia no puedes hacer lo que hace el resto de tus amigos que no bailan; pero en aquellos momentos yo realmente no me daba cuenta, no lo echaba en falta. Pero tampoco lo cambiaría. He sido muy feliz en mi adolescencia y no la cambiaría por nada. Y aportar, el ballet te aporta muchas cosas buenas. Muchas veces cuando te lesionas o te pasa algo que te obliga a estar fuera del ballet una temporada, te das cuenta cuenta de lo mucho que lo echas en falta. En esas situaciones es cuando un bailarín realmente puede saber si quiere dedicarse a esto o no. He tenido alguna lesión, nada grave, pero aunque sean solo dos o tres semanas, uno se da cuenta de lo que realmente quiere y lo que no quiere. Y yo lo tengo muy claro. Quiero bailar.

“A mí me ha quitado solamente una cosa -continúa Alicia-, el poder crecer al lado de mi madre. Cuando vine para aquí era muy niña. Tenía 14 años y estaba en esos años de la adolescencia que es cuando más necesitas a tu madre. Y es una cosa que sí, que llevo dentro, que me hubiera gustado vivirla a su lado; pero claro, no cambiaría nada porque el ballet me ha dado más de lo que me ha quitado. Me ha dado una vida, me ha llenado. Me ha convertido en la persona que yo tenía que ser. Si yo no hubiese hecho esto yo no sería la persona que soy ahora. Y yo creo que es muy importante que cada persona que se siente artista, no sólo las bailarinas sino todo el mundo del arte, tiene que llegar a un punto en su vida en el que sienta que ha podido sacar todo ese arte que tiene dentro. Yo sé que si de hoy a mañana tuviera que dejar de bailar, me sentiría llena, no cambiaría lo vivido por nada.
Y, ¿cómo ves el futuro?
A mí no me gusta hacer planes. Ellos me conocen y saben que para mí cambian las cosas de un día para otro, me adapto a lo que viene. Y este es un momento en el que para mí muchas cosas están cambiando. Tengo unas ideas. Yo tuve una lesión muy muy grande de la cual casi no vuelvo, y ahí empecé a pensar en el futuro. Y tengo varias ideas fuera y dentro del mundo de la danza. Depende de en qué momento dé el paso.
¿Clásico u otras disciplinas? ¿Contemporáneo…?
Alicia: Yo las dos, que si no me aburro. Clásico y contemporáneo. El moderno enseña mucho al clásico y con una base clásica tienes otro estilo de movimiento en el moderno. Yo creo que se compaginan muy bien las dos.
Martí: Yo creo que ahora no hay ninguna compañía que haga solo clásico.

Martí (Foto: L.R.)
Les pregunto si conocen el programa de televisión "Fama, a bailar" y qué opinan de las danzas urbanas. “¡Claro que lo conocemos!, -afirma Alicia. Está Igor Yebra de director. A mí me encantan las danzas urbanas. Flipo, sobre todo con el Strip Dance. A mí se me saldría todo. Me quedaría con la cabeza en el suelo, pero estos bailes me encantan. No tienen ningún tipo de miedo. 
Martí: En el clásico tienes mucho cuidado, todo está muy medido.
Alicia: Vas un poco a lo seguro. A mí me encanta ver que esta juventud no tiene miedo.

Visto desde fuera, uno de los atractivos de la profesión del bailarín es lo mucho que viajan, constantemente están atravesando fronteras y bailando en escenarios exóticos y lejanos. La pregunta inevitable es si realmente tienen tiempo para conocer esos países. “Depende de la situación -afirma Alicia. Yo he llegado a volar a Nueva York y estar allí menos de diez horas. Fue llegar, bailar y regresar. No hubo otra cosa, pero no siempre es así. Hay veces que vas tres o cuatro días y tienes la oportunidad de conocer la ciudad”. “O simplemente tienes la oportunidad de dar un paseo -explica Elisa-, pero lo disfrutas”. Martí lo tiene muy claro, también, “no eres un turista, eres un bailarín y si te queda algo de tiempo lo aprovechas, claro”. 

El Stuttgart Ballet hace cada año giras y viaja mucho a Japón y a otros países de Asia. “Yo, en cuatro años que llevo en la compañía he ido dos veces a Tailandia”, afirma Martí. Alicia adora Japón. “Tiene algo especial. Es un sitio blanco y negro. No tiene nada que ver con Europa, pero es limpio y respetuoso. No entiendes nada, no puedes leer un solo cartel, pero no te pierdes, es muy sencillo caminar por sus calles. No es como en otros países en los que a los turistas los dejan un poco apartados.  A Martí le cuesta inclinarse hacia un país en concreto. “No tengo ninguno preferido pero, en general, los países asiáticos me gustan mucho. Los países orientales te transmiten algo especial. Mi primera gira con la compañía fue en Bangkok y en Singapur. Me chocó mucho Singapur, es una ciudad que tiene 50 o 60 años. Es muy moderna y me gusta el impacto que tiene pero no me gusta tanto como por ejemplo Bangkok, que tiene su cultura y es muy especial”.
Elisa: Pues a mí un lugar que me chocó bastante fue Omán. Fuimos a Omán y además ahí si que tuvimos dos días libres y fuimos a unos paraísos increíbles. Claro, es una ciudad de ir cubierta, de te compro a tu novia por 80 camellos y cosas así, pero tiene un encanto especial. 
Alicia: Son bastante más abiertos que en los Emiratos. Dubai es bastante peor en ese sentido que Omán.
Elisa: Cuando fuimos a Omán nos dieron una charla de cómo debíamos comportarnos, fuimos con “La fierecilla domada” que para ellos tela marinera, para lo que es su cultura es lo peor que puedes llevar. Pero funcionó muy bien. 
Martí en La fille mal gardée (Foto: Stuttgart Ballet)

¿En qué escenario habéis tenido las mejores sensaciones?
Alicia: Yo te diría dos, pero los dos por dos razones completamente diferentes. Uno sería el Victoria Eugenia, en San Sebastián, porque es el primer escenario que he pisado; tenía 7 u 8 años. Y he seguido volviendo. He tenido la oportunidad de poder bailar ahí otra vez y ha sido fantástico. Y el segundo sería el Palais Garnier de París, que para mí es indescriptible. He pisado ese escenario dos veces, la primera vez tuve mi premier de La Fierecilla domada con la compañía. Y otra vez fui a hacer Tatiana con la Opera de París. Ese escenario es la bomba, aparte de que te da no miedo, pero respeto, mucho respeto.
Martí: A mí me pasa algo muy parecido. El primero es el Teatro Fortun en Reus, que es de dónde vengo. Yo era pequeñito y lo veía todo tan grande… En mi primer año en la compañía aquí fui a una gala allí, tuve la oportunidad y fue como algo que siempre había querido hacer. Y luego, durante mi segundo año aquí, en la escuela, tuve la oportunidad de representar a la escuela en la Opera de París, en el Palais Garnier. Y eso era, no ya un sueño, era algo impensable. Bailar allí fue para mí algo muy importante.
Elisa: Yo no sé qué decirte. Hemos bailado en teatros preciosos. A mí me gustó mucho el Bolshoi, en Moscú. Es una pasada. Estuve en San Petersburgo y hay teatros preciosos, pero no hay nada que se iguale a bailar en casa. Sientes algo muy especial, el cariño del público, tu familia, tus amigos…
Alicia: Son muy diferentes las dos situaciones. Si has pisado escenarios como el Teatro Colón, en Buenos Aires, sientes algo muy especial. Yo bailé allí y pensaba ¡Madre mía, la de gente importante que ha pasado por este escenario! Pero estoy de acuerdo con Elisa y con Martí que no hay nada como bailar en ese primer escenario de cuando eras niña y que está en tu casa. Sigues sintiendo ese amor por tu ciudad, por tus raíces.