domingo, 15 de julio de 2018

Allister Madin, con sangre española en el Ballet de la Ópera de París

Allister Madin. Foto: Sebastien Mathé

Conocimos a Allister Madin, en nuestra primera visita al Palais Garnier en 2008, cuando pasamos allí unos días para hacer un extenso reportaje sobre José Carlos Martínez. Hemos ido siguiendo con interés y afecto su carrera en el seno de la emblemática compañía francesa y en esta última visita nos habría encantado poder haberle visto en el rol de Alain, el pretendiente de Lisa en La Fille Mal Gardée, pero no fue posible. Alain le ha dado muchas satisfacciones a Allister, él mismo nos lo comenta en esta entrevista que muy amablemente nos concedió y también ha obtenido por él muy buenas críticas, pero el día que nosotros vimos la función, él bailaba en el rol de uno de los amigos de Colás. Lean nuestra crónica aquí.

Carolina Masjuan

Creo que tienes ascendente español, tu familia de materna viene del País Vasco, ¿verdad? 

¡Es bastante variado! De hecho, las raíces españolas provienen del lado materno. Mi abuelo era de Galicia y mi abuela del País Vasco, así que es una mezcla. Y mi padre nació en el País Vasco, pero en el lado francés. 

Allister Madin. Foto: Sebastien Mathé
¿Dónde naces tú y cómo mantienes tus raíces españolas? 

Nací en el País Vasco en Bayona y antes de mudarme a París a los trece años para ingresar a la Escuela del Ballet de la Ópera, vivía en Hendaya, que está en la frontera franco-española, así que estaba en España casi a diario. Tomé mis clases de baile tanto en Francia como en España, en San Sebastian. 

Desde entonces, voy a esa costa en cuanto me es posible, cuando tengo unos pocos días de vacaciones, para relajarme y encontrar todos esos lugares tan queridos en mi corazón. 

¡Pero diría que lo que más mantiene mis raíces españolas es mi cocina! Cocino a menudo y he integrado en mi cocina todas las recetas de mi abuela con aceite de oliva: ¡¡y la mayoría de mis platos siempre terminan conteniendo chorizo​​!! 

Mi hermana tiene dos hijas con quienes también hablamos español para que también tengan algo de esta identidad familiar. 

Y trato de aprovechar todas las oportunidades para ir a los países de habla hispana, porque incluso si no es mi área, siempre me siento como en casa cuando estoy rodeado de personas de habla hispana. 

¿Cuál fue tu formación? 

Como dije un poco antes, comencé a bailar en el País Vasco, primero en Francia. Luego, alrededor de los seis o siete años seguí a mi hermana, que también estaba tomando clases en España, en San Sebastian, así que alterné este curso "doble" hasta que ingresé a la Escuela de Ópera a los 13 años. 

En el lado español, el trabajo me pareció, con mis ojos de niño, mucho más centrado en la limpieza, las bases, la colocación, el rigor y en el lado francés encontré el aspecto más danzarín, musical y también aprendí más pasos, o sea, más técnica. 

Luego pasé 6 años en la escuela de la Ópera y tomando algunas clases de flamenco durante mis vacaciones en el País Vasco en los últimos 2 años (también presenté un solo de flamenco durante mi final en Varna en 2006) antes de unirme al Ballet de la Ópera a los 19 años. 

Allister Madin. Foto: Deyan Parouchev
¿Cuándo decidiste que querías ser un bailarín profesional y por qué? 

Mi hermana estaba haciendo ballet y es seis años mayor que yo. Desde pequeño, la seguía a todas partes, así que era natural que su maestra dijera a mis padres que me dejaran hacerlo y me apuntaran. 

La decisión de hacer de la danza mi profesión llegó muy temprano. Precisamente cuando mis padres me sugirieron que siguiera a mi hermana a clases en España, pensé: "Si acepto comenzar estos cursos, que son mucho más estrictos, es una decisión importante y es que decido convertirme en bailarín ". Tenía seis/siete años. 

Cuéntanos acerca de tu trayectoria en el ballet de la Ópera de París. 

Comencé como supernumerario en 2005 con un primer contrato a plazo fijo de 3 meses que se renovó varias veces hasta el final de la temporada, lo que me llevó a pasar nuevamente el concurso externo para obtener un nuevo contrato de duración determinada CDD o un CDI. 

En esta primera temporada no bailé casi nada de la programación, ya que era suplente para todas las producciones y si puse un pié en el escenario fue como los caballeros en el Lago de los Cisnes, Nosferatu de Gallota y los pretendientes de Marguerite en la Dama de Camellias. 

Necesitaba un objetivo para seguir trabajando y progresando al mismo ritmo que en mis años escolares y fue con esto en mente que decidí prepararme para el concurso de Varna donde terminé finalista. 

Hice un segundo año como supernumerario, pero como era casi como si ya estuviese comprometido con la casa, ya no era el último sustituto del ballet y las oportunidades para bailar se volvieron más importantes. Benjamin Millepied llegó para hacer su primera creación con la compañía y me eligió para ser parte de ella, sin saber que yo era supernumerario y por lo tanto pasé por encima de algunos bailarines más experimentados de la compañía.

Allister como Zaël en La Source
Foto: A. Deniau

La administración lo dejó hacer y creo que fue a partir de ese momento que empezaron a apreciar mi trabajo y ver mi evolución. 

Más tarde, al final de la temporada, la Fille Mal Gardée entró al repertorio y tuve que bailar Cockerel (mientras era reemplazante en los 6 bailarines y amigos de Colas). Brigitte Lefèvre me presentó por casualidad a Alexander Grant, que era quien tenía los derechos de este ballet (y el creador del papel de Alain) al comienzo de una clase de baile y menos de dos horas más tarde, supe por el el boca a boca, que se me había agregado como reemplazante para el papel de Alain. Rol que tuve la oportunidad de poder bailar durante dos espectáculos con Svetlana Lunkina y Mathieu Ganio en los roles principales mientras que yo era un simple surnumerario. 

Recibí mi CDI como "cuadrille" unos días después de mi segundo espectáculo del papel de Alain y subí a "corifeo" en el concurso de promoción interna que siguió. 

Gracias a Brigitte Lefèvre pude abordar nuevos papeles en solitario, en tanto que “corifeo” y fue cuando encarné a Iñigo en "Paquita" cuando me ascendieron a "sujet" en el concurso de promoción en 2011 (cuya fecha era justo entre mis dos espectáculos como solista). 

Allister como Alain en La Fille Mal Gardée.
Foto: Ik Aubert
Desde el año 2011 tuve la oportunidad de bailar bellos papeles con la compañía, incluyendo el ídolo de oro en "La Bayadera" de R. Noureev, ZAEL en "La Source" de Jean-Guillaume Bart, Mercucio en "Romeo y Julieta" de R. Noureev y “Dorcon” en Dafnis y Cloe de Benjamin Millepied y continuar participando en piezas contemporáneas con Wayne McGregor, Alexander Ekman, Crystal Pite, James Thiérrée … 

En 2014 obtuve el Premio Arop junto a Léonore Baulac, lo que nos permitió colaborar con Louis de Caunes para el cortometraje "Haut Vol". 

En paralelo a todo esto, aprobé mi diploma estatal de profesor de danza en 2016, lo que me permite ofrecer algunos cursos en cuanto tengo ocasión y especialmente durante los stages; y también he coreografíado varias piezas, incluyendo dos con motivo de las veladas "coreógrafos bailarines" en 2011 y 2013 en el anfiteatro de la Bastilla, otras dos para las noches "Música y Danza" en Garnier a petición de Benjamin Millepied en 2015 y tres más para el II Festival Internacional de Música y Danza de Andros en Grecia en 2016. 

¿Qué piensas del sistema de promoción? ¿Estás ahí todos los años? 

Después de pasar por la experiencia de los concursos externos y por el concurso de Varna, el concurso de promoción interna me pareció mucho más agradable por primera vez. Pero el hecho de prepararlo de forma aislada en un período de espectáculos generalmente intensos, a veces puede ser realmente frustrante y decepcionante. 

Si pienso que ofrece una visibilidad interesante para las clases de “cuadrilles” y “corifeos”, permitiendo al mismo tiempo un trabajo particular sobre variaciones de solista, haciendo así evolucionar y progresar al bailarín y en parte también para asegurar el mantenimiento de un buen nivel en la compañía, yo personalmente creo que no es indispensable en la clase de “sujets”, en el sentido de que las promociones que implican distribuciones directas de roles de solista son decididas por la administración, promociones que son coherentes con sus ideas y deseos y pueden hacerse por nominación, igual que funciona para las nominaciones de bailarines “étoile”. 

Allister Madin. Foto: Sebastien Mathé
Especialmente porque los “sujets” son los más reclamados en la programación que se lleva a cabo en el momento del concurso y ese aumento sobre el trabajo normal, vinculado a la preparación del concurso, aumenta el riesgo de lesión. 

Hasta ahora, he asistido a todos los concursos de promoción siempre que ha habido un puesto disponible en el grado superior. He hecho todo lo posible para que la elección de la variación libre fuese alguna que me permitiera evolucionar, mostrar una nueva faceta de mi personalidad como bailarín al jurado, o interpretar variaciones que no podía bailar mas que en el contexto de este concurso por razones de derechos o de programación artística, como la variación del predicador de "Speaking in Tongues" de Paul Taylor o la del "Fantasma de la ópera" de Roland Petit. 

¿Tienes preferencias sobre un estilo de baile? Clásico, neoclásico, contemporáneo .... ¿Cuál es tu repertorio / ballet favorito? 

Mis gustos evolucionan a medida que van pasando los años y que mi cuerpo también va cambiando. 

Cuando era más joven, no me atraía particularmente lo contemporáneo, por no decir lo contrario, y prefería la técnica clásica a veces estimulante cuando tenía mucho éxito. 

Y entonces aprendí a descubrir y convencer a mi cuerpo en un registro más contemporáneo, más neoclásico, primero con Benjamin Millepied y luego realmente contemporáneo al crear rol en "Genus" con Wayne McGregor. 

Me familiaricé con un movimiento diferente y me abrí a un repertorio más amplio y me encantaba bailar "Artifact Suite" de W. Forsythe y más tarde "Kaguyahime" o "Sinfonía de los Salmos" de J. Kylian. 

Toda mi base es clásica, así que todos los ballets que me permiten usarla son los que prefiero porque son los que me hacen sentir más cómodo. Mis raíces españolas también se destacan y es por eso que tuve la oportunidad de hacer muchos papeles de personajes que me encantaba bailar (tengo una lista bastante larga: jefe gitano, jefe de los bandoleros, líder de bandidos, solista indio, fakir, solista de alforfón, solista csardas, solista napolitano, ....). 

Allister Madin. Foto: Julien Benhamou
Amo todos los tipos de baile desde el momento en que me permiten explorar y explotar mis habilidades corporales, técnicas o teatrales. 

Por diversas razones me encantó bailar el Jefe de los Gitanos en "El Quijote", ya que me daba la impresión de que me permitía sacar todo mi lado español, casi como bailando flamenco, ZAEL en "La Source" por el aspecto estimulante del virtuosismo técnico con el añadido de la alegría de la danza, Alain en "la Fille Mal Gardée", que me permitió incorporar una gama de múltiples emociones y, finalmente, Mercucio en "Romeo y Julieta" que requiere un buen compromiso entre la técnica y la teatralidad. 

El verano pasado fui invitado a bailar en Japón como el Príncipe Siegfried en el Lago de los Cisnes completo, en una versión similar a la del Mariinsky y del Tokyo Ballet. Tuve la suerte de tener como poartenaires a dos bailarinas principales del Ballet Nacional de Japón para interpretar los papeles de Odette y Odile, respectivamente, y es un recuerdo maravilloso. 

Mi sueño de la infancia fue bailar ese papel algún día, pero al crecer e integrar el Ballet de la Ópera, pensé que nunca sucedería, ya que mi perfil de bailarín aquí era más parecido a un Rothbart que a Siegfried. Por esta razón, dudé un poco antes de aceptar esta propuesta y en cambio fue una experiencia maravillosa. 

Afortunadamente todavía tengo muchos años como bailarín delante de mí y espero que la lista se alargará con la inclusión de más colaboraciones neoclásicas con coreógrafos actuales como Christopher Wheeldon y Liam Scarlett y contemporáneo con William Forsythe y Jiri Kylian principalmente. 

Como espectador, no resisto la belleza de un Lago de los Cisnes o una Bayadère para el clásico puro, o de una Dama de las Camelias para el registro neoclásico ... 

Allister en La Petite Danseuse de Degás.
Foto: J. Benhamou
Rol fetiche 

Como ya comenté, Siegfried, pero como parte de las galas me encantaba bailar también Albrecht o Romeo en los pasos a dos. También me haría muy feliz poder bailar Solor, supongo que sale mi lado enamoradizo con estos roles (risas) 

Bailarines que te inspiran ... 

Baryshnikov, Nicolas Leriche, Manuel Legris por todas sus carreras. 

Pero me encanta ver la energía de Joaquín de Luz, el Mayerling de Edward Watson, la energía loca de Ivan Vassiliev en Espartaco, la poesía de Sasha Riabko, ... La lista puede ser larga y llena de personas menos conocidas también. 

Durante Galas con bailarines de la Ópera de París, ¿dónde bailaste? 

He bailado en muchas partes de Francia pero también en Canadá para el Festival Internacional de Artes de Saint Sauveur, Jacobs Pillow en los Estados Unidos, Buenos Aires en Argentina, Sochi en Rusia, Sicilia … 

La danza en España, ¿conoces la situación ? 

Solo he podido ver a la Compañía Nacional de Danza cuando vinieron al TCE de Paris hace un año o dos con un programa contemporáneo que me gustó mucho. Me acuerdo sobre todo de la pieza de Alejandro Cerrudo y de Casi/Casa de Mats Ek muy parecida a Appartement. Me gustaron mucho los bailarines y por lo que puedo ver en internet, el repertorio es muy atractivo y me hubiera gustado verles también en un programa mas clásico. 

También vi un reportaje con el Quijote de Jose Carlos y me pareció mucho más "español" que otras versiones y me gustaría mucho verlo. 

Me gustaría mucho poder venir en alguna Gala en España: la ultima fue hace muchos años en el teatro Victoria Eugenia de San Sebastian! Pero he oído algo de una gira en Madrid en enero así que a ver... 

Allister como Ídolo de Oro en La Bayadère
Foto: Agathe Poupenay
Mathilde Froustey dejó el ballet de la ópera y ahora es Principal en San Francisco, otros bailarines también han seguido su carrera en otro lado. ¿Alguna vez pensaste en unirte a otras compañías? 

Pensar es una cosa, hacerlo es otra. Siempre he querido explorar, así que no cierro las puertas, pero tengo muy presente que bailo en un lugar mítico con un repertorio diverso y amplio, por el que hemos luchado durante años y por lo que muchos bailarines nos envidian. Hay un estilo muy particular en París y estamos muy condicionados por adquirirlo, por lo que encontrar el camino en otra parte si así lo deseamos no es tan obvio. 

Ha habido cambios recientes en la gestión y también cierta controversia en los últimos días sobre la dirección de Aurélie Dupont, ¿qué opinas? 

Creo que los cambios en general son buenos porque aportan energía y dinámica diferentes, pero reconozco que no siempre es fácil encontrar el lugar cuando uno está acostumbrado a una determinada forma de hacer las cosas durante años con Brigitte Lefèvre y de repente todos los referentes conocidos desaparecen más o menos con Benjamin Millepied. 

La llegada de Aurélie Dupont a la Dirección se hizo rápidamente y en un contexto particular, con generaciones que se renuevan: la compañía ya no se parece a la que yo conocía al ingresar en el Ballet y mi generación también es un vector de cambio, obligatoriamente. Creo que todos estos cambios han llevado a la conciencia de ciertos problemas latentes, junto con un contexto social actual propicio para dialogar y evolucionar. 

Soy de naturaleza optimista, así que espero que la Compañía y la Administración puedan avanzar positivamente. 

¿Te gusta coreografiar? La enseñanza? 

Me siento por ahora más cómodo en la enseñanza que en la coreografía, pero me gustan ambas facetas y quiero seguir explorando estas vías para que me hagan crecer como artista y como persona . 

¿Cuáles son tus hobbies? 

Salidas al teatro, viajar, pasar tiempo con la familia o amigos, ir al cine, ver espectáculos, leer, ...

Allister Madin. Foto: Julien Benhamou

Planes para estas vacaciones 

Aún no está muy definida la parte "vacaciones" ¡probablemente sea al último momento! 

Después de la gira en Novosibirsk, acompaño a una joven bailarína a quien entreno desde hace ya un tiempo para el concurso de Varna. 

Ella obtuvo un contrato para el Mariinsky en la gran audición de Barcelona de este año y voy a bailar, si todo sale bien, en sus piezas contemporáneas que son el pas de deux de "Grey Area" de David Dawson en la semifinal y la de " Caravaggio" de Mauro Bigonzetti en la final. 

Justo después tenemos dos fechas para unas galas en Estonia, de nuevo con "Caravaggio" y, por mi parte, un solo de flamenco. 

Por lo demás, aún estoy decidiéndolo, pero estoy planeando unos días en el País Vasco con la familia y unos pocos días en España, tal vez en Galicia o hacia Salamanca / Toledo. 


sábado, 14 de julio de 2018

José Manuel Carreño: con el clásico aumenta la audiencia

José Manuel Carreño en La Bayadère con el cuerpo de baile del
Ballet de Monterrey. Foto: Josep Guindo

El apellido Carreño destaca en el seno de la Escuela Cubana de Ballet y en el mundo de la danza universal; Lázaro, Álvaro, José Manuel, Alihaydée y Yoel, son los miembros de la familia Carreño que han dado fama y prestigio tanto al Ballet Nacional de Cuba como a nivel internacional, puesto que la mayoría han desarrollado sus carreras en las más prestigiosas compañías del mundo.

Carolina Masjuan

Con ocasión de la programación del Ballet de Monterrey en el Teatre Tívoli de Barcelona, tuvimos la oportunidad de entrevistar a su director, José Manuel Carreño. El que fuera bailarín principal del American Ballet Theater (ABT) durante dieciséis años, tras haberlo sido del Ballet de Cuba, del English National Ballet y del Royal Ballet, dirige desde hace casi dos, la compañía mexicana. 

José Manuel nos recibe en el Teatro Tívoli donde actúan y donde en ese momento es su hermano Yoel, bailarín principal en el Ballet de la Ópera de Oslo e invitado en esta gira, quien está dando la clase. 

José Manuel Carreño.
La dinastía Carreño, cuéntame por favor acerca de ella.

Todo comienza con estos dos tíos míos Lázaro que fue primer bailarín y Álvaro bailarín solista, ambos bailaron mucho tiempo con el ballet de Cuba, Lázaro estudio en Rusia en la por entonces Leningrado, luego vine yo que me preparé mucho con él para concursos (Ganó en Varna y en otras competiciones) y me gradué con Loipa Araujo, luego viene mi prima Alihaydée la hija de Álvaro y luego ya mi hermano y esa es la “dinastía Carreño”.

Todos pasaron por el ballet y luego ya cada uno fue cogiendo su rumbo. Yo me gradué en 1986 y salgo de Cuba para Londres en el 90 después de haber ganado el Gran Prix y la medalla de oro del concurso de Jackson, Mississipi. En Londres integro el English National Ballet donde me quedo durante tres años y después dos años con el Royal Ballet, cinco años viviendo en Londres y ya me fui con Kevin McKenzie para el ABT donde me quede dieciséis años. 

Que te sedujo más de Estados Unidos para quedarte ahí

Efectivamente, la compañía en la que estado más tiempo ha sido el American y lo que más me sedujo fueron su versatilidad y su repertorio básicamente. No creo que un bailarín pueda pedir más que bailar un poco de todo y con el ABT hicimos los grandes clásicos, mucho repertorio, pero también muchas obras neoclásicas y contemporáneas. Hice obras de Twya Tarp, Mark Morris, Balanchine o Jerome Robbins que me encanta.

Te sientes mas un bailarín clásico 

Durante toda mi carrera me gustó mucho siempre hacer los clásicos, me gustaba también experimentar otras cosas para romper un poco la monotonía y casualmente yo me retiro con el ABT en el 2011 y estuve un tiempo experimentando, como dos o tres años, de free lance y ahí sí que me dio por probar cosas nuevas y la gente me decía “¡tú estás loco!” pero yo contestaba que no, “yo lo que quiero ahora es satisfacerme a mi mismo como artista” y en esos dos años hice un poco de televisión, el programa “Dancing with the stars” dos años consecutivos en Estados Unidos y bailé con Danza Contemporánea de Cuba e hice gira en México sin zapatillas. Me gustó mucho, hicimos una versión de Carmina Burana y fue muy duro, pero yo quería experimentar eso también e incluso hice flamenco con el Ballet Español de Cuba con los que estuve un mes. 

José Manuel Carreño en Coppelia.
Me gustó mucho la experiencia. Con Danza Contemporánea alternábamos clase de contemporáneo y la clase de clásico y la de contemporáneo yo tenía que batallar mucho. Sentía como que estaba en la escuela porque cuando era contemporáneo era super duro y tenía que esforzarme por aprender esa técnica y todo aquello a lo que yo no estaba acostumbrado, arrastrarse por el suelo, hacer barbaridades por el piso y muchas cosas que yo normalmente no hago, en cambio cuando hacían clásico era como que wowww!!! ahí sí estoy bien... (risas) pero disfruté mucho, mucho, con Danza Contemporánea y esa gira en México y con el Ballet Español de Cuba también hice una gira por Cuba muy linda, en la que no era flamenco puro pero hicimos una versión de Carmen muy bonita. Tuve que comprarme unas botas y hacer el taconeo con ellos pero era una producción en la que no solo era zapateado flamenco, si no que había actuación y también mucho trabajo de partenaire y la disfruté mucho.

Luego ya dirigiste el Ballet de San José 

Sí, estuve dos años con ellos y con él también estuvimos aquí. Era una compañía que cuando yo la tomé, ya tenía varios años después de fundada pero estaba con muchos problemas financieros. Estaba en USA, en California y hicimos una gira en España en febrero de 2016 y ya terminando esa gira hicimos una temporada más y se cerró. Es muy difícil en USA, se necesita mucha subvención. Todo es muy caro... 

A pesar de que hay una buena ley de mecenazgo es también muy complicado. Pero me sorprendió que el arte en esa área no tuviera más apoyo, sobre todo porque todas las grandes compañías tecnológicas están ahí, youtube y muchas otras, …. en cambio no estaban predispuestas a subvencionar la cultura ni el arte, todo iba para el deporte, deporte y más deporte..... 


José Manuel Carreño.
En cambio en México sí, concretamente en Monterrey

Sí, sobretodo porque se fundó por iniciativa de la Sra. Yolanda Santos hace veintiocho años y ella es una apasionada del arte. También era sponsor del ABT, vive entre Monterrey y New York. Tiene varias fundaciones, también una que ayuda a niños. Es una señora que está haciendo muchísimo por la cultura en México. Gracias a ella la compañía todavía existe con grandes producciones. Ha logrado también una pequeña ayuda gubernamental y también contamos con pequeñas ayudas de otras compañías como Hyundai, pero básicamente todo es privado.

Qué repertorio tenéis

Cuando llegué era contemporánea, era más una compañía de autor. Durante los dos o tres años de Jorge Amarante, era mayormente una compañía de su estilo y sus coreografías. Hicieron alguna cosa de otros coreógrafos pero era casi todo sus trabajos. A mi no me gustaba cuando la cogí ya que no había una gran audiencia. En cuanto me ofrecieron su dirección, decidí que iba a estructurarla y me iba a enfocar en remontar los clásicos, porque mi experiencia me demostró que los clásicos atraían mucho mas a la audiencia, tal vez porque la gente sigue amando el fairy tale, la fantasía, los cuentos.... Y la verdad es que ha ido mejor de lo que yo esperaba, porque me ha dado mucho placer ver las salas llenas. Por ejemplo hicimos el Fantasma de la Ópera, producción de Alberto Mendez, y programamos seis funciones y terminamos haciendo diez por la gran demanda que hubo. Una semana antes de hacer el espectáculo ya estaba todo vendido. 

El público mejicano no era un gran conocedor del clásico pero este estilo le ha seducido rápidamente y ahora cada vez más están interesado y son mejores conocedores.


José Manuel y Yoel Carreño en el Teatre Tívoli de Barcelona.
Foto: Josep Guindo

¿Los bailarines se adaptaron bien al cambio de estilo? 

Sí porque los bailarines siempre hicieron clase de clásico. Hay también la escuela, muy joven aún, tiene seis o siete años, pero que ya va dando sus frutos y también tiene Monterrey la Escuela Superior de Arte de la que salen también buenos alumnos. Así que hay preparación clásica y sí, está bien. La compañía no está formada solo por mexicanos, la gran mayoría, entre el sesenta o setenta por ciento son mexicanos de los cuarenta totales, pero también hay cubanos, unos nueve o diez, y hay japoneses, colombianos, venezolanos, argentinos, brasileños, ¡hay una buena mezcla!

La escuela es joven o sea que la compañía se fundó sin escuela ni tradición. Rompes el tópico que tanto oímos por aquí de que si no hay tradición no puede fundarse una compañía. 

¡Claro que sí! ¡Existen numerosos ejemplos en todo el mundo y además aquí sí hay tradición! De la compañía del Liceu salió gente impresionante, Arantxa Argüelles o Trinidad Sevillano por ejemplo, son herederas de esa época y además en España con esos maravillosos teatros que tienen, debería haber compañías!

José Manuel Carreño en Cascanueces.
¿Habíais actuado en Barcelona?

Sí, hace años que vino la compañía pero con un programa mejicano contemporáneo. 

¿Qué experiencia tenéis de esta gira por España?

¡Muy buena! ¡Una experiencia fantástica! Ubeda una ciudad pequeña, bella históricamente, bailamos en una plaza de toros y tuvimos 1500 espectadores viéndonos, con el Lago, maravilloso. Luego Oviedo en el Campoamor La Bayadere, hermoso también. Luego Bilbao con el Lago, después una semana
en Madrid con la Bayadere, en un teatro no muy grande pero con un escenario estupendo y un público fantástico y ahora aquí con los dos ballets, El Lago de los Cisnes y La Bayadère, donde terminamos la gira. 

Ahora un mes de vacaciones y empezamos la temporada el 13 de agosto 

¿Hay mucha rotación de bailarines? 

Pues hay rotación porque es sistema a la americana, o sea se renuevan los contratos cada año. Nada de contratos indefinidos, cuando la gente creo que se puede apalancar. Yo viví ese sistema toda mi vida y me gusta, porque la gente sabe que tiene que estar en forma, tiene todo, seguro médico, fisio, etc... pero son contratos anuales. 

Rol preferido

Mira, a mi los clásicos es que he disfrutado mucho haciéndolos todos, el Quijote, Giselle, La Bayadere, Romeo... lo adoraba. Mi contemporáneo favorito era Kylian y también me encantaba Jerome Robbins, ese es también un coreógrafo.... ¡uno de esos genios...!

José Manuel Carreño en La Bayadère. Foto: Josep Guindo
¿A ti no te ha atraído la coreografía? 

No, de momento nunca me ha dado por ahí, me gusta mucho dirigir, organizar, supervisar el trabajo técnico, de luces, etc. y también adaptar estas coreografías que ya existían, creadas por Luis Serrano, un bailarín cubano que hizo su carrera mayoritariamente en el Miami City Ballet, se retiró muy joven y dirigió unos seis años el Ballet de Monterrey y él las creó, pero ahora yo las he retomado tal y como él las montó para la compañía pero les he dado mi toque, las he enriquecido. O sea que también he actuado un poco como un coreógrafo aquí. O sea, de momento coreografiar algo propio todavía no.... no pero ¡quien sabe? Puede que llegue, aunque remontar un gran clásico de Petipa u otros que yo también he bailado me da muchísimo respeto. 

Yo creo que para la coreografia se nace. Por ejemplo cuando estaba en el Royal me acuerdo de Christopher Wheeldon que estaba en el cuerpo de baile y todos sabíamos que iba a ser coreógrafo. Todos sabíamos que su futuro estaba ahí. Yo creo que para eso se nace. O sea dirigir, adaptar, de momento sí, pero más que coreografiar ahora mismo prefiero enseñar.

Y contar con Yoel ¿qué ha significado? 

Estamos haciendo una obra en la que bailamos los dos al mismo tiempo en escena y es realmente la primera vez que estamos juntos. Bueno, él baila y yo actúo, pero juntos en el escenario es muy gratificante, nos ilusiona mucho. 

Ya lo habíamos intentado desde hace tiempo. Yo quería que viniese a Monterrey pero claro él estaba muy reclamado en Noruega, como Principal tiene muchísimo trabajo ahí y ahora como la compañía estaba de vacaciones pues ha podido hacer la gira. 

"Para mi es una experiencia única" confesó Yoel cuando le pudimos preguntar al respecto. Porque según nos explicó, para él su hermano fue su referente. Se llevan muchos años y Yoel, estudiante en Cuba, no paraba de ver sus vídeos una y otra vez. No podían coincidir a menudo y ahora es algo muy especial compartir el ballet con su hermano. 

José Manuel Carreño en La Bayadère.
Foto: Josep Guindo

¿Qué Bayadère vamos a ver? ¿En qué versión se ha inspirado la de Monterrey, en la de Makarova o la de Nureyev?

Es la versión de Luis Serrano que tomó de las dos un poco y después yo le hice algunos cambios porque no quería que fuese tampoco la de Makarova ni la de Nureyev, pero es más el concepto de Nureyev que termina con el acto de las sombras. Yo soy partidario de dos actos, dos horas, es la mejor versión, ideal para un público que no sea muy conocedor, es lo mejor para captarle. Que se narre muy bien la historia. La Bayadere en México la hacemos con 24 sombras aquí serán 20 porque el espacio es más limitado.

Habéis participado en el Festival de la Habana

No, no podemos ir porque coincide con el inicio de la temporada en Monterrey y para nosotros es un momento clave ya que nos permite presentarnos a sponsors y obtener mecenazgo o consolidarlo, así que no podemos. 


miércoles, 2 de mayo de 2018

Tres fantásticos bailarines españoles en el Stuttgart Ballet


De izda. a dcha. Elisa , Martí y Alicia  (Foto: L.R.)

Alicia Amatriain, Elisa Badenes y Martí Fernández Paixá, tres españoles y fantásticos bailarines del Stuttgart Ballet nos hablan en esta entrevista de las dos caras de su profesión, la belleza de su apasionada vocación y el inevitable sacrificio que implica el darlo todo para desarrollar al máximo un talento.

Lola Ramírez

Sábado 21 de abril. En el Schlossgarten de Stuttgart luce un sol de verano. El termómetro marca 27º de temperatura. Alicia Amatriain, Elisa Badenes y Martí Paixá, se sientan conmigo en una moderna terraza frente a la Ópera, donde mañana Martí debutará en el papel de Colas en La fille mal gardée”. Antes, esta misma tarde, en la Schauspielhaus los tres bailarines del Stuttgart Ballet (SB), interpretarán Die fantastischen fünf (Los cinco fantásticos).

Alicia Amatriain, la más veterana de los tres en la compañía que dirige desde hace 22 años Reid Anderson, recibió en 2015 el título nacional de Kammertaenzerin, el rango más alto que puede alcanzar un bailarín en Alemania. Elisa Badenes es bailarina principal de la formación desde la temporada 2012-2013 y Martí Fernández Paixá es solista del Stuttgart Ballet desde la temporada 2017-2018. Hoy los tres están felices porque gran parte de sus respectivas familias ha viajado a la ciudad alemana para verles actuar.

¿Me encuentro ante tres de Los cinco fantásticos?
Alicia Amatriain es la primera que toma la palabra: “No. El título Los cinco fantásticos hace referencia a los coreógrafos, que son de la casa. Marco Goecke es el único estable y los otros cuatro, Román Novitzky, Fabio Adorisio, Louis Stiens y Katarzyna Kozielska son compañeros nuestros. El SB lleva 60 años dando la posibilidad a sus bailarines de que creen sus propias coreografías. Y de ahí ha salido la idea de hacer este espectáculo.
Elisa: Es la última temporada de nuestro jefe y por eso se hacen estos espectáculos especiales, porque quieren recordar su paso por el SB, lo que ha hecho y cómo ha ayudado a estos jóvenes coreógrafos a crear nuevas piezas
“Reid Anderson -continúa Alicia- se retira después de 22 años en la compañía. Yo he hecho mi carrera con él porque llevo 19 años en el SB. ¡Toda una vida!
Alicia Amatriain (Foto: Roman Novitzky)
A ninguno de los tres les tienta especialmente el mundo de la coreografía, aunque Martí afirma que si bien no le llama mucho la atención, le gustaría “probar”, afirma con una sonrisa que le ilumina toda la cara. Es el más joven del trío y se le nota. “A mí me gusta que se coreografíe con y para nosotros -afirma Elisa- porque también das un poco de ti, los pasos los haces a tu manera y además, a veces, vas a interpretar una coreografía especialmente creada para ti”. “Como ésta, por ejemplo -puntualiza Alicia. Cada pieza ha sido creada para los bailarines que la van a bailar hoy. Se trata de un trabajo conjunto con el bailarín. El bailarín es el instrumento y el coreógrafo va moldeando lo que es la estructura”. Los tres coinciden en que el hecho de que les esté dirigiendo un compañero no afecta a la disciplina que exige su trabajo. “El que está delante, dirigiendo, está delante, sea un compañero, tu mejor amigo, tu marido o tu amante. Está delante y siempre hay que mantener un respeto”, concluye la laureada bailarina.

¿Qué os ha dado y que os está dando de positivo el mundo del ballet?
Elisa: Una carrera, el día a día, completarte como persona. Dedicas tanto tiempo a esta disciplina que al final ocupa tu vida y te llena como persona.

¿Y no roba también mucha vida privada?
Martí: Cuando eres joven y te dedicas al ballet no tienes mucha vida privada, no tienes mucho tiempo para salir y cuando lo tienes estás cansado. Maduras mucho más rápido porque la disciplina que te marcan en la escuela es muy fuerte y eso te hace madurar de otra manera y más rápido.
Alicia y Martí en Die Fantastischen Fünf (Foto: Stuttgart Ballet) 

Y sacrificarte ¿no?, porque te apetecerá salir, beber, ligar, comer, trasnochar… Y eso supongo que se verá en cierta manera limitado.
Alicia: Un bailarín hace exactamente eso igual que otra persona. Yo llevo 19 años en la compañía, mi carrera no es la misma que la de ellos porque la de ellos está en el centro, mientras que la mía está ya por terminar; pero yo no puedo quejarme de no haber tenido una vida igual o mejor que otra persona. Yo he salido, yo he bebido, he comido, sigo comiendo, he conocido gente, me gusta salir de noche, salir a bailar con amigos y eso es algo que cada uno lo tiene que compaginar con su trabajo. Naturalmente no salgo hasta las 7 de la mañana si al día siguiente tengo que bailar un Quijote.
Elisa: Pero es lo mismo que si sales hasta las 6 de la mañana y al día siguiente tienes que ir a la oficina.
Martí: Yo acabo de empezar y los años de la escuela son los más exigentes. Compartir estudios y danza es muy difícil.
¿Habéis podido hacerlo?
Martí: Yo hasta el Bachillerato si.
Alicia: Yo no.
Elisa: Yo continúo haciéndolo. Estoy en la Universidad a distancia, pero es complicado. Cuando estás en la escuela es muy difícil. Yo iba a la escuela normal por la mañana hasta las 5 de la tarde y luego me iba al Conservatorio hasta las 10 de la noche. Entonces olvídate de vida privada y de todo.
Martí: Yo creo que compensa, a mí al menos me compensa.
Elisa: Al final haces un balance entre tu vida profesional y tu vida privada y te compensa.
Alicia: Yo creo que no existe un bailarín o una bailarina sin haber tenido experiencias fuera, en lo que es la vida real. Si no tienes una vida al margen de la danza, fuera de lo que son las clases y el espectáculo, no puedes expresar las mismas emociones. Si te pasas el día en la sala de ballet, trabajando puedes ser técnicamente increíble, pero lo que es el mundo de las emociones, todo eso te viene de las cosas que te ocurren en la vida, de las paredes con las que te pegas y de las puertas que se te cierran. Y todo eso ocurre teniendo una vida privada fuera, después de que se sale de este teatro.
Pero tú misma has reconocido que no has podido compaginar estudios y ballet.
Alicia: Yo personalmente he tenido una escuela bastante diferente que ellos. Llegué aquí a los 14 años y por ley tenía obligación de ir al colegio alemán. Por un lado eso ha sido una ventaja porque he podido aprender el idioma perfectamente. Pero a la vez, al tener horas obligatorias de colegio por la mañana y todo el ballet por la tarde, a mí no me quedaba tiempo. Yo terminaba a las 8 de la tarde y a las 6 de la mañana estaba de pie para poder ir al colegio. Esto es lo único que le falta a Alemania, conseguir como se ha conseguido ya en otros países, compaginar la escuela normal y la escuela de ballet, tener ambas enseñanzas integradas en un mismo edificio. En muchos países ya se ha conseguido, pero aquí todavía no.
Elisa: Pero, te dan un diploma, ¿no?
Alicia: Si, te dan un diploma, pero no es como un bachillerato. Yo no te puedo decir que lo tengo porque no lo tengo.

Elisa Badenes (Foto: L.R.)
Tan cierto como que los bailarines lo tienen difícil para compaginar su carrera con otros estudios, lo es también que su vida profesional es más corta que la del resto de los trabajadores, fundamentalmente porque el cuerpo no puede resistir ese ritmo de exigencia durante muchos años. El futuro de un bailarín o bailarina depende mucho de la compañía en la que haya transcurrido su carrera profesional.

“En la Ópera de París -explica Alicia-, a los 42 o 43 años se les ha acabado la carrera en la Ópera, pero ellos en realidad tienen muchas cosas positivas. Digamos que tienen la vida solucionada, es otro mundo. Antes, en Alemania a los 15 años de estar en un mismo teatro te daban el contrato de por vida o te echaban. Por esa regla de tres yo tendría que haberme retirado a los 33 años. Lo de retirarse a una determinada edad depende, por una lado de las leyes del país en el que estás desarrollando tu trabajo y, por otro, de lo que te diga tu cabeza, de cómo sientas tu cuerpo y de si finalmente quieres seguir o no.


¿Cómo os planteáis  el futuro? ¿Os gustaría morir con las zapatillas puestas?
Elisa: ¡Noooo! Yo creo que a nadie le gustaría eso.
Alicia: Eso se ha quedado anticuado.
Marti: Pues a mí me gustaría…
Elisa: Yo creo que no se puede seguir bailando cuando el cuerpo ya no puede.
Marti: A mí me gustaría seguir en el mundo del ballet, en algo que tenga que ver con este mundo. Llegará un momento en el que el cuerpo me dirá: ¡Basta!, pero a mí me gustaría continuar en algo relacionado con esto.
Elisa: Si, porque es lo que conocemos, lo que hemos estudiado, le hemos dado mucho tiempo, toda nuestra vida y si sigues en este mundo puedes dar mucho de ti porque tienes mucha experiencia. Yo estoy estudiando psicología y me iría más a esa corriente pero quizás relacionado con el mundo del ballet y porque sé que puedo aportar un poco de mí, de mi experiencia.
Marti: Yo no lo sé.
Elisa: Yo te veo con madera de profesor.
Elisa con David Moore en Skinny (Foto: Stuttgart Ballet)

Desde la terraza en la que estamos sentados charlando y tomando un refresco, se observa como fluye la vida en el parque, los patos refrescándose en el estanque y multitud de jóvenes tumbados en la hierba, la mayoría de los chicos con el torso desnudo, disfrutando de un sol que rara vez se deja ver por el cielo alemán en esta época del año. Las chicas, con ropa ligera, de verano, disfrutan también del precioso día. La cuestión sobre lo que el mundo del ballet suele robar a los que se dedican a esta profesión sigue flotando en el ambiente y Martí es el primero que se anima a sincerarse: “A mí lo que me ha quitado el ballet es tiempo, lo que estábamos hablando antes. Sobre todo en la adolescencia no puedes hacer lo que hace el resto de tus amigos que no bailan; pero en aquellos momentos yo realmente no me daba cuenta, no lo echaba en falta. Pero tampoco lo cambiaría. He sido muy feliz en mi adolescencia y no la cambiaría por nada. Y aportar, el ballet te aporta muchas cosas buenas. Muchas veces cuando te lesionas o te pasa algo que te obliga a estar fuera del ballet una temporada, te das cuenta cuenta de lo mucho que lo echas en falta. En esas situaciones es cuando un bailarín realmente puede saber si quiere dedicarse a esto o no. He tenido alguna lesión, nada grave, pero aunque sean solo dos o tres semanas, uno se da cuenta de lo que realmente quiere y lo que no quiere. Y yo lo tengo muy claro. Quiero bailar.

“A mí me ha quitado solamente una cosa -continúa Alicia-, el poder crecer al lado de mi madre. Cuando vine para aquí era muy niña. Tenía 14 años y estaba en esos años de la adolescencia que es cuando más necesitas a tu madre. Y es una cosa que sí, que llevo dentro, que me hubiera gustado vivirla a su lado; pero claro, no cambiaría nada porque el ballet me ha dado más de lo que me ha quitado. Me ha dado una vida, me ha llenado. Me ha convertido en la persona que yo tenía que ser. Si yo no hubiese hecho esto yo no sería la persona que soy ahora. Y yo creo que es muy importante que cada persona que se siente artista, no sólo las bailarinas sino todo el mundo del arte, tiene que llegar a un punto en su vida en el que sienta que ha podido sacar todo ese arte que tiene dentro. Yo sé que si de hoy a mañana tuviera que dejar de bailar, me sentiría llena, no cambiaría lo vivido por nada.
Y, ¿cómo ves el futuro?
A mí no me gusta hacer planes. Ellos me conocen y saben que para mí cambian las cosas de un día para otro, me adapto a lo que viene. Y este es un momento en el que para mí muchas cosas están cambiando. Tengo unas ideas. Yo tuve una lesión muy muy grande de la cual casi no vuelvo, y ahí empecé a pensar en el futuro. Y tengo varias ideas fuera y dentro del mundo de la danza. Depende de en qué momento dé el paso.
¿Clásico u otras disciplinas? ¿Contemporáneo…?
Alicia: Yo las dos, que si no me aburro. Clásico y contemporáneo. El moderno enseña mucho al clásico y con una base clásica tienes otro estilo de movimiento en el moderno. Yo creo que se compaginan muy bien las dos.
Martí: Yo creo que ahora no hay ninguna compañía que haga solo clásico.

Martí (Foto: L.R.)
Les pregunto si conocen el programa de televisión "Fama, a bailar" y qué opinan de las danzas urbanas. “¡Claro que lo conocemos!, -afirma Alicia. Está Igor Yebra de director. A mí me encantan las danzas urbanas. Flipo, sobre todo con el Strip Dance. A mí se me saldría todo. Me quedaría con la cabeza en el suelo, pero estos bailes me encantan. No tienen ningún tipo de miedo. 
Martí: En el clásico tienes mucho cuidado, todo está muy medido.
Alicia: Vas un poco a lo seguro. A mí me encanta ver que esta juventud no tiene miedo.

Visto desde fuera, uno de los atractivos de la profesión del bailarín es lo mucho que viajan, constantemente están atravesando fronteras y bailando en escenarios exóticos y lejanos. La pregunta inevitable es si realmente tienen tiempo para conocer esos países. “Depende de la situación -afirma Alicia. Yo he llegado a volar a Nueva York y estar allí menos de diez horas. Fue llegar, bailar y regresar. No hubo otra cosa, pero no siempre es así. Hay veces que vas tres o cuatro días y tienes la oportunidad de conocer la ciudad”. “O simplemente tienes la oportunidad de dar un paseo -explica Elisa-, pero lo disfrutas”. Martí lo tiene muy claro, también, “no eres un turista, eres un bailarín y si te queda algo de tiempo lo aprovechas, claro”. 

El Stuttgart Ballet hace cada año giras y viaja mucho a Japón y a otros países de Asia. “Yo, en cuatro años que llevo en la compañía he ido dos veces a Tailandia”, afirma Martí. Alicia adora Japón. “Tiene algo especial. Es un sitio blanco y negro. No tiene nada que ver con Europa, pero es limpio y respetuoso. No entiendes nada, no puedes leer un solo cartel, pero no te pierdes, es muy sencillo caminar por sus calles. No es como en otros países en los que a los turistas los dejan un poco apartados.  A Martí le cuesta inclinarse hacia un país en concreto. “No tengo ninguno preferido pero, en general, los países asiáticos me gustan mucho. Los países orientales te transmiten algo especial. Mi primera gira con la compañía fue en Bangkok y en Singapur. Me chocó mucho Singapur, es una ciudad que tiene 50 o 60 años. Es muy moderna y me gusta el impacto que tiene pero no me gusta tanto como por ejemplo Bangkok, que tiene su cultura y es muy especial”.
Elisa: Pues a mí un lugar que me chocó bastante fue Omán. Fuimos a Omán y además ahí si que tuvimos dos días libres y fuimos a unos paraísos increíbles. Claro, es una ciudad de ir cubierta, de te compro a tu novia por 80 camellos y cosas así, pero tiene un encanto especial. 
Alicia: Son bastante más abiertos que en los Emiratos. Dubai es bastante peor en ese sentido que Omán.
Elisa: Cuando fuimos a Omán nos dieron una charla de cómo debíamos comportarnos, fuimos con “La fierecilla domada” que para ellos tela marinera, para lo que es su cultura es lo peor que puedes llevar. Pero funcionó muy bien. 
Martí en La fille mal gardée (Foto: Stuttgart Ballet)

¿En qué escenario habéis tenido las mejores sensaciones?
Alicia: Yo te diría dos, pero los dos por dos razones completamente diferentes. Uno sería el Victoria Eugenia, en San Sebastián, porque es el primer escenario que he pisado; tenía 7 u 8 años. Y he seguido volviendo. He tenido la oportunidad de poder bailar ahí otra vez y ha sido fantástico. Y el segundo sería el Palais Garnier de París, que para mí es indescriptible. He pisado ese escenario dos veces, la primera vez tuve mi premier de La Fierecilla domada con la compañía. Y otra vez fui a hacer Tatiana con la Opera de París. Ese escenario es la bomba, aparte de que te da no miedo, pero respeto, mucho respeto.
Martí: A mí me pasa algo muy parecido. El primero es el Teatro Fortun en Reus, que es de dónde vengo. Yo era pequeñito y lo veía todo tan grande… En mi primer año en la compañía aquí fui a una gala allí, tuve la oportunidad y fue como algo que siempre había querido hacer. Y luego, durante mi segundo año aquí, en la escuela, tuve la oportunidad de representar a la escuela en la Opera de París, en el Palais Garnier. Y eso era, no ya un sueño, era algo impensable. Bailar allí fue para mí algo muy importante.
Elisa: Yo no sé qué decirte. Hemos bailado en teatros preciosos. A mí me gustó mucho el Bolshoi, en Moscú. Es una pasada. Estuve en San Petersburgo y hay teatros preciosos, pero no hay nada que se iguale a bailar en casa. Sientes algo muy especial, el cariño del público, tu familia, tus amigos…
Alicia: Son muy diferentes las dos situaciones. Si has pisado escenarios como el Teatro Colón, en Buenos Aires, sientes algo muy especial. Yo bailé allí y pensaba ¡Madre mía, la de gente importante que ha pasado por este escenario! Pero estoy de acuerdo con Elisa y con Martí que no hay nada como bailar en ese primer escenario de cuando eras niña y que está en tu casa. Sigues sintiendo ese amor por tu ciudad, por tus raíces.

lunes, 19 de marzo de 2018

Delia Liz, del ballet al estilismo

En su salón de belleza y, en el recuadro, de pequeña haciendo ejercicio de barra
La primera mitad de su vida centró sus sueños en el mundo de la danza clásica y se formó con los mejores maestros. Ahora su vena artística la dedica al mundo de la estética y el bienestar, en el coqueto salón de belleza que ha montado en La Zubia (Granada).

Lola Ramírez

En memoria de su abuela paterna, que era peluquera, Delia Fernández Jódar ha elegido el apellido de ésta para dar nombre a su salón, Delia Liz.  Ella nació en Madrid y en la capital transcurrieron sus quince primeros años. Un día, cuando apenas sabía andar, sus padres observaron cómo su pequeña hija hacía un spagat. Con las piernas abiertas en un ángulo de 180º Delia miraba a sus padres con una juguetona sonrisa. Tenía desde muy niña una asombrosa flexibilidad. A los 4 años empezó ballet clásico en la escuela de Carmen Roche para después continuar su formación con Víctor Ullate. La danza se fue metiendo en sus venas poco a poco y hasta que se tropezó con la adolescencia fue su gran pasión. Ahora reconoce abiertamente que aunque el ballet le entusiasmaba, continuar era muy sacrificado “La disciplina del ballet clásico es muy exigente -afirma Delia- y cuando eres una adolescente hay mil cosas atractivas a tu alrededor que te están llamando”.

En clase de ballet, en la escuela de Víctor Ullate
A los 4 años empezó a hacer ballet en la escuela de Carmen Roche. “Me gustaba tanto -afirma Delia- que mi padre me puso una barra en mi habitación y también hacía ejercicios en casa”. Después de tres años en Carmen Roche, Delia se cambió a la escuela de Víctor Ullate. Todos los días al salir del colegio iba a tomar sus clases de danza. “Estaba contenta, era la mejor escuela de danza de todo Madrid, pero también es cierto que era una vida muy sacrificada en todos los sentidos. Los profesores eran muy estrictos y tú te encontrabas con 12 ó 13 años viendo que tus amigas se iban por ahí y tú tenías que quedarte en casa estudiando lo que no habías podido estudiar durante la semana”. Al final dejó la danza y continuó estudiando.

De la danza al estilismo

Tenía 17 años y ya vivía en Granada cuando le surgió la duda de hacia dónde enfocar su vida. Delia siempre había sido una persona con gustos artísticos. Le gustaba pintar, bailar y escribir. Lo llevaba en la sangre. Después de una temporada tratando de gestionar sus múltiples vocaciones le surgió la oportunidad de empezar a trabajar en la peluquería de unos grandes almacenes. Curiosamente su abuela paterna había sido una gran peluquera. Pronto descubrió que había heredado las habilidades familiares y que le gustaba mucho transformar las cabezas de sus clientes, jugar con los colores y con las formas. Decidió formarse en profundidad como peluquera profesional y posteriormente hizo un Grado Superior de Estética y Bienestar. “Casi sin darme cuenta me fui enrollando con el mundo de la belleza y en paralelo fui haciendo cursos de maquillaje, de uñas y también de quiromasaje”.   

Su trabajo en la peluquería de los grandes almacenes había tocado techo y deseaba evolucionar. Se cambió a un importante gimnasio donde había una cabina de estética y peluquería. Ahora, desde hace unos meses, Delia ha decidido explotar su vena emprendedora y ha creado su propio negocio en La Zubia, en un coqueto salón de Peluquería y Belleza. “Me gusta mucho este mundo”, afirma.

¿Hay centros de estética especializados exclusivamente en el mundo del baile?
Yo creo que no, pero en muchos tenemos tratamientos muy adecuados para la gente que se dedica a ello o al ejercicio físico en general y en algunos, como puede ser mi caso, prestamos una atención muy especial a este tipo de clientes.  

Durante 10 años has estado estrechamente relacionada con el mundo de la danza. ¿Qué cuidados recomendarías a un bailarín o bailarina?
Aunque pueda resultar chocante diría en primer lugar una buena hidratación de la piel. Esto es básico para todo el mundo y para un bailarín más. También una dieta equilibrada y un especial cuidado de los pies, sobre todo si se trata de una bailarina de clásico, ya que los pies se destrozan. Yo era algo a lo que prestaba especial atención porque terminaba con los pies destrozados. Ahora tengo que prestar mucho cuidado a las manos porque es lo que más sufre. En este sentido hay también cierto paralelismo entre la danza y la estética. 

Afirma Delia que las uñas de las pies es una de los puntos débiles de una bailarina. “Cuando empiezas a bailar en puntas se te destrozan las uñas y si no las hidratas muy bien se te acaban cayendo. Hay que hidratarse mucho y hacerse la pedicura con frecuencia”. 

Imagen del salón Delia Liz
¿Qué cuesta una pedicura en tu salón?
Bueno, ahora tengo una oferta de pedicura básica por 20 euros. Pero el precio depende del tipo de pedicura que te hagas. Si se trata de otros tratamientos más complejos, con parafina o una pedicura spa, el precio sube. Yo hago tratamientos muy completas, elimino durezas y otras impurezas de la piel y la verdad es que mis clientas se quedan encantadas.

Delia opina que en las representaciones de ballet clásico, tanto lo relacionado con la peluquería como con el maquillaje está muy simplificado. “Quizás por el tipo de espectáculo tiene que ser así. El pelo va recogido en un sencillo moño bajo y el maquillaje es muy discreto. A mí me atraen mucho los maquillajes y peinados que se hacen en otro tipo de bailarines. Por ejemplo en los grupos que acompañan en las coreografías a un cantante o en las gogó-dancer de una discoteca o de cualquier espectáculo nocturno, quienes por exigencias del guión tienen que emplear una estética más sofisticada.

¿Haces ese tipo de trabajos en tu salón?
Bueno, yo no me dedico especialmente al maquillaje de caracterización, pero hago, y me encanta, muchos maquillajes para eventos y pasarelas.

Un tema de gran controversia son las dietas que se ven obligados a seguir tanto algunas bailarinas como deportistas de gimnasia rítmica. En este sentido Delia lo tiene muy claro: “Efectivamente una bailarina tiene que ser estilizada, pero yo estoy convencida de que en buena medida es un tema de genética. Al cuerpo no lo puedes forzar más allá de un límite. Si tienes tendencia a engordar es preferible dedicarse a otra cosa. Ten en cuenta que el ejercicio que hace una bailarina exige una alimentación sana y equilibrada. Está claro que con el tute que le das al cuerpo las calorías se van a quemar sí o sí”.

Primer plano de la estilista
¿Algún tratamiento facial recomendado?
Yo pienso que en general se le da poca importancia al cuidado de la piel y en especial a la piel de la cara. El protocolo que debería llevar cada persona, y en especial bailarines y bailarinas, es una higiene facial periódica. Igual que un dentista te recomienda una higiene bucal cada equis meses, nosotros los esteticistas recomendamos una limpieza facial cada dos o tres meses y un cuidado diario en casa con los productos adecuados para cada tipo de piel. Pienso que eso es algo muy importante y hay mucha gente que no lo hace.

Importantísimo también en la estética de una bailarina son las manos. Ahí, al igual que en la cara, Delia recomienda sobre todo “hidratación de la piel” y, cómo no, “tener muy cuidadas las uñas. En el caso del ballet clásico siempre se utilizan colores neutros, pero en otros tipos de danza se pueden hace manicuras con más fantasía como las semipermanentes, gel, etc.”

Las bailarinas de clásico tienen su punto débil en los pies, mientras que los bailarines lo tienen sobre todo en las piernas y en la espalda porque tienen que soportar en vilo el peso de las chicas. Delia, además de estilista, ha hecho cursos de quiromasaje y aunque sabe que las grandes compañías de danza tienen un fisioterapeuta para tratar a los bailarines, da masajes a muchos deportistas. “Tengo clientes que hacen escalada. Suelen venir con la espalda fatal, pero después de una hora de masaje quedan como nuevos. El quiromasaje es muy bueno y alivia mucho a nivel muscular. Yo a los bailarines les recomiendo una sesión periódica para descargar la espalda y las piernas, que son las partes del cuerpo que soportan todo el esfuerzo que exige la ejecución de la danza”.

Delia Liz. Estética y Belleza
García Lorca 25 Bj 1. 18140 La Zubia (Granada)
Tel.: 699232007
deliafjodar@gmail.com
facebook/DeliaLizbelleza