miércoles, 10 de junio de 2020

José Carlos Martínez: "Para mí esto ha sido como un retiro espiritual"

Imagen cedida por José Carlos


El ex director de la Compañía Nacional de Danza está viviendo el confinamiento y la desescalada del Covid-19 en su nuevo lugar de residencia: Ibiza. El momento álgido de la pandemia le sorprendió en Eslovenia donde estaba preparando el estreno de El Corsario. “El día 14 de marzo se cerraba todo, entonces me dijeron: ‘O te vas hoy o te quedas’. Y decidí venirme para aquí”, afirma José Carlos Martínez.

Lola Ramírez
Alejado del mundanal ruido, José Carlos Martínez vive en el campo, en la localidad de San Josep, en el suroeste de la popular isla ibicenca. “En Septiembre, cuando terminó mi contrato con la Compañía Nacional de Danza decidí fijar mi residencia en Ibiza porque en España aparte de la CND no hay compañías y no creo que me vayan a llamar para hacer una coreografía. Pensé que cuando hubiera tiempos muertos para descansar o estar parado como ahora sería mucho mejor estar aquí, paseando y respirando el aire del mar”, afirma el bailarín y coreógrafo.

— ¿Qué tal has llevado el confinamiento?
— Bien. Se ha parado todo, pero me han seguido saliendo cosas. ‘El Corsario’ lo estrené en la Ópera de Roma como estaba previsto y digamos que he seguido adelante en esta nueva vida de freelancer.

— Pero, ‘El Corsario’ lo ibas a hacer también en Eslovenia, ¿no?
— Sí. El estreno en Roma fue el 3 de marzo y el de Eslovenia estaba previsto para el 9 de abril. En cuanto terminé en Roma me fui a Eslovenia y empezamos a entrenar, pero el 16 de marzo se paró todo. Yo estuve entrenando allí hasta el último momento porque en realidad en Eslovenia han tenido muy pocos casos, pero el sábado 14 de marzo viendo lo que estaba pasando en Italia decidieron cerrar el país, aeropuertos y todo. Entonces me dijeron: O te vas hoy o te quedas. Y yo decidí irme porque estoy mejor en mi casa que encerrado en Eslovenia. Y me vine y muy bien. Ahora allí ya están ensayando, están poniendo el país en marcha porque tuvieron pocos casos y están intentando organizar todo para cuando empieza la temporada que seguramente será en septiembre. Yo me iré para allá en cuanto se pueda viajar.

— ¿Esa será tu primera vuelta al trabajo?
Pues es probable que sea mi primera vuelta al trabajo. Ahora mismo en realidad tengo dos cosas porque tengo también otro proyecto en Viena. En España como ha habido tantos casos estamos yendo muy lentamente en la desescalada; en otros países han empezado antes. En Viena, por ejemplo a los bailarines que están ensayando les hacen tests cada semana. A todo el que trabaja en el teatro le hacen un test semanalmente para estar seguros. Les toman la temperatura al entrar… hay unas medidas muy serias para recuperar la actividad. Y tengo también otro proyecto con ellos. Tal como decía, ahora mismo tengo ‘El Corsario’ en Eslovenia y lo de Viena. Y luego tenía otro proyecto para Noviembre que se pasará para el año que viene y es hacer mi propia ‘Giselle’.

— La CND también va a hacer Giselle.
— Lo sé. Realmente Giselle forma parte de los ballets de repertorio más habituales. Es verdad que yo, después de ‘Cascanueces’ tenía previsto hace Giselle con la CND. Al haber cambiado las cosas yo lo voy a hacer por un lado y la CND lo hace por otro. Entra dentro de la lógica, es una coincidencia.

— ¿Cómo has vivido este tiempo de confinamiento? Ahí en Ibiza no ha sido tan duro como en otras partes de España.
— No, aquí ha habido relativamente pocos contagios, lo que pasa es que las medidas han sido las mismas. En un principio había como mucho miedo porque no se sabía cómo iba la cosa. Lo mismo que en todos los lados con las mascarillas, los guantes, igual que en todos los sitios, salvo que aquí ha habido bastantes menos casos. Yo lo he podido vivir con cierta tranquilidad porque cada vez que iba a pasear no me encontraba con grupos de personas, había mucha menos gente y si no hay mucha gente el riesgo disminuye y lo vives mejor. Yo por aquí al salir a pasear me cruzo con muy poca gente, incluso desde el principio cuando todo el mundo salía a las 8 de la tarde, aquí eso no lo hemos vivido. Además yo vivo en San Josep que es en la parte oeste de la isla y es muy distinto a vivir en Ibiza ciudad donde hay mucha más gente.

— Estás en tu zona de confort.
— Totalmente, lo he vivido con más tranquilidad, no he sentido el miedo al contagio. Cuando me vine de Eslovenia en principio pensé en irme a Murcia con mis padres, pero no había vuelo directo y tuve que pasar por cuatro aeropuertos. Mi hermano, que es médico, me dijo que era una locura que fuera a casa de mis padres, ya que mi madre está un poco frágil de los pulmones y no tenía sentido exponerla a un contagio. Lo cierto es que los primeros días lo pasé mal porque estaba solo y aunque no tenía ningún síntoma, pensaba que podía tener el virus, pero una vez que fue pasando el tiempo y vi que no había nada, pues oye, si lo he pasado lo he pasado sin síntomas, o sea que muy bien. He aprovechado para descansar y trabajar.

— Teletrabajo, supongo.
— Sí, fundamentalmente trabajo de logística y organización. Hemos trabajado para futuras escenografías, futuros decorados. Todo lo que se puede hacer por teletrabajo lo hemos avanzado, pero claro el trabajo físico con bailarines, pues no. He trabajado mucho con mi cuerpo, he hecho yoga y barra de ballet, cosa que no hago cuando estoy montando una coreografía. Mira, cuando termine el confinamiento voy a estar mucho más en forma que nunca porque en realidad me estoy entrenando mucho más que durante estos últimos años que yo iba a una clase y a los diez minutos venían a llamarme por teléfono porque había algo que hacer; ahora llevo dos meses ocupándome de mi cuerpo y me siento muy bien la verdad. En realidad esto ha sido para mí como un retiro espiritual con curso de salud incluido.

— ¡Qué bien! ¡Qué suerte!
— Sí, me  ha pillado bien, pero también lo necesitaba.  O sea, al haber empezado con tantos proyectos justo después de dejar la CND no hubo una parada de verdad y la necesitaba.

— A ti te ha pasado lo mismo que a la naturaleza, que le ha venido muy bien este retiro de todos nosotros para dejarla respirar tranquila.
— Pues sí, igual. Como en los ríos, en el mar…
Curioso primer plano del bailarín

"He escuchado en la BBC que están sorprendidos y admirados de los bien que se está haciendo el desconfinamiento en España"

— ¿Por qué crees que en España se nos ha dado tan mal la pandemia? Yo me resisto a pensar que lo hemos hecho peor.
— No lo creo. Yo, por mi trabajo, estoy en contacto con muchos países, tengo amigos en Francia, estaba en Italia cuando empezó todo y luego en Eslovenia. El hecho de ver cómo van las cosas en diferentes países, te hace darte cuenta de que al final muchos de los problemas son los mismos: la falta de mascarillas, la falta de espacios en los hospitales y tal. Se ha vivido muy parecido en todos los países. Lo que le pasó a todos los gobiernos europeos es que ninguno pensó que iba a ser algo tan importante, tan grande y no se tomaron las medidas con la debida antelación. Yo no creo que lo hayamos hecho mal, creo que hemos hecho muchas cosas tarde; en el caso de Eslovenia se cerró el país con unos 150 casos declarados. Vieron lo que estaba pasando en Italia, el país vecino, y enseguida dijeron, aquí hay que protegerse porque esto llega. Yo creo que lo que pasó en España es que se hizo un poco tarde. Y después hay otra cosa a tener en cuenta y es que nosotros somos muy familiares vivimos todos juntos unos en casa de los otros, nos estamos besando y abrazando todo el tiempo, hay un montón de mayores viviendo con los niños y además en España hay un montón de gente mayor. Todos esos factores han contribuido a que hubiera muchos contagios.

— Está claro: Spain ist different.
— Sí, en parte sí, por nuestro modo de vida. En Alemania la gente no se da tantos besos. Cuando ves a alguien lo saludas sin más; en Francia, donde la gente sí se besa cuando se saluda, el primer consejo que dieron en la televisión fue: ¨digamos simplemente hola y evitemos el contacto físico”. Y también han tenido un montón de casos. Yo escucho mucho la BBC porque estoy intentando mejorar mi inglés y dan bastantes reportajes y entrevistas sobre la actualidad del coronavirus. Hace unos días hablaban de España y se manifestaban sorprendidos y admirados de lo bien que se estaba haciendo el desconfinamiento, decían que era muy complicado con tantas comunidades autónomas y con diferentes fases en cada una pero que, a pesar de ello, se estaba haciendo muy bien. Hablaban de España como uno de los países donde los turistas ingleses podrían venir este verano. Era justo cuando en Alicante se empezaban a abrir los bares al 30 por ciento y con las mesas muy separadas. Y decían, mira todavía no se pueden hacer un montón de cosas pero han empezado a abrir bares. En resumen, lo que venían a decir es que nuestra manera de llegar a la nueva normalidad estaba muy pensada y se estaba haciendo muy bien.

— Menos mal que alguien habla bien de nosotros…
— Claro porque cuando estás aquí en España y oyes los conflictos políticos entre unos y otros, las discusiones sobre las medidas que se toman, parece que todo se hace mal. Pero yo creo que la pandemia nos ha pillado y no fuimos lo suficientemente precavidos al principio; el ser ahora un poco más precavidos no es malo, es lo que deberíamos hacer todos. A mí me pareció muy razonable que la Comunidad Valenciana en un momento determinado le dijese al gobierno que no quería pasar a la siguiente fase, porque después de todos los meses que hemos pasado, lo difícil que ha sido el estar incomunicado con tu gente, el miedo y tal, lo de ir lentos es un acierto. No quiero pensar en lo que se puede convertir la situación si hay un rebrote.

— Eso es lo que da miedo, que cuando abran las compuertas del todo nos desmadremos.
— Como españoles nos estamos desmadrando cada vez menos. El primer día que se pudo salir a la calle a pasear salimos todos, cuando se pudo correr, todos a correr y así sucesivamente, pero luego nos calmamos y lo hacemos bien. El problema es cuando nos sueltan después de tanto encierro, eso va en nuestro carácter.

— ¿Cómo va a ser la nueva normalidad en el mundo de la danza? ¿Vamos a poder ver un espectáculo de ballet como antes del Covid?
— Yo me hago la misma pregunta. Creo que para que sea igual que antes tiene que haber una vacuna o un tratamiento. Mientras estemos en esta situación no va a poder ser igual. La gente está concienciada, la mayoría lleva su mascarilla y mantiene las medidas higiénicas y de seguridad, en todas las tiendas y lugares de acceso al público hay geles para que te desinfectes las manos. Aunque el virus esté entre nosotros yo creo que nos vamos a proteger más, que va a haber menos contactos, estamos más educados en ese sentido. Hace más de 20 años, cuando yo empecé a hacer mis primeras giras a Japón con la Ópera de París, veíamos a los japoneses con las mascarillas puestas y nos preguntábamos el porqué. Ellos nos explicaron que cuando una persona tenía un catarro u otra infección se ponía la mascarilla para no contagiar a los demás. Muchas de las medidas que se están implantando ahora aquí, allí ya estaban presentes. Mis amigos de la Ópera de París estaban en febrero de gira y en Japón ya todos los japoneses iban al teatro con mascarilla; todavía no había esta alarma pero la gente ya llevaba la mascarilla. Tendremos que acostumbrarnos a ponernos la mascarilla cada vez que llegue la gripe o los resfriados o algo similar. Para ir a un teatro como lo hacíamos antes creo que falta tiempo.

— A mí no me parece mucho problema que nos obliguen a ir al teatro con mascarilla. El problema es para los bailarines.
— En el teatro, si la gente lleva mascarilla y el que está enfermo no va o va muy armado para no contagiar, no pasaría nada. Con los bailarines hay que tener un control más estricto y la vuelta a la normalidad tiene que ser poco a poco. Un bailarín no puede bailar con mascarilla. El otro día vi en OT a los concursantes bailando con mascarilla. En una emisión televisiva, vale, pero no me imagino las mascarillas en un espectáculo de ballet en el teatro, aparte de que sería una puesta en escena muy particular, no es viable. Hay que tener un control muy serio. En Viena han empezado a tomar clase de 6 en 6 y con marcas en el lugar donde se tiene que poner cada bailarín, cinco o seis metros entre uno y otro porque están en un ambiente cerrado. Entre clase y clase abren las ventanas para que se renueve el aire. Hay que ir con mucho cuidado para ver hasta dónde podemos llegar sin que vuelva a haber contagios. Es también una cuestión de responsabilidad individual y si un día te levantas y tienes cualquier síntoma lo que tienes que hacer es quedarte en casa y no ir a trabajar. La seriedad es lo principal, todos tenemos que ser muy conscientes en estos momentos de que la amenaza del rebrote está ahí.

— Sí, tienes razón. ¿Sabes si los bailarines tienen que hacerse PCRs antes de la vuelta al trabajo?
— No sé cómo es la situación aquí, en España. En Viena hacen pruebas, aquí habría que preguntarle a alguien de la CND. Lo que sé es que hacen clase 12 bailarines a la vez. Es poco pero a mí ya me parece mucho y además están haciendo ensayos y de todo desde el primer día. Tenemos que tener cuidado porque es verdad que el virus sigue entre nosotros. Además, un bailarín que ha estado sin entrenarse dos meses no puede empezar muy fuerte.

— Pero yo creo que han estado haciendo clase desde sus casas…
— Sí, por supuesto, pero no es lo mismo hacer estiramientos y una barra en tu comedor que hacer cinco horas de clase formal, donde además estás ensayando. Hay que ser prudentes e ir lentamente en cuanto a la carga de trabajo, los primeros días haces una hora de clase y te vas a tu casa, no por el coronavirus sino para evitar tendinitis y lesiones que pueden venir si el entrenamiento es demasiado fuerte. Ahora todo gira alrededor del virus, pero es que además está todo lo demás y no se puede pasar por alto. 

— Hoy leía en La Voz de Galicia que en el hospital público había 25 Covis y 5000 cánceres.
— Claro, es que la gente tenía tanto miedo a ir al hospital que aunque se encontrara mal no se movía de su casa por miedo y ahora los hospitales están llenos de personas que han agravado su situación por el atasco que ha habido y por el miedo al contagio.

— Vamos a esperar que las cosas vayan mejorando poco a poco y la nueva normalidad sea lo menos novedosa posible.
— Sí, yo creo que eso es deseable y también que debemos ser todos muy serios y tener cuidado. Con el Covid hemos empezado a coger nuevos hábitos: la gente deja los zapatos en la calle y se lava las manos mucho más a menudo, nos estamos volviendo más japoneses. En Japón nadie entra en su casa ni en un restaurante con los zapatos que lleva por la calle. Son hábitos que debemos adoptar y que nos ayudarán no sólo a combatir el Covid, sino también a otros gérmenes que andan por ahí. 

— ¿Realmente crees que esto nos ha hecho cambiar?
— Yo creo, espero, que sí. Hay mucha gente que ya ha cambiado aunque otra ni lo ha hecho ni lo va a hacer. Eso en algún momento va a crear conflictos. Pero yo creo que sí, que se mantendrá un cambio en ciertas costumbres. Está claro que algún momento retomaremos la normalidad de antes del Covid, pero también habrá muchas personas que andarán por casa con otros zapatos y se lavarán las manos más a menudo. Es algo que no cuesta tanto. Volveremos a besarnos y a abrazarnos porque eso no va a cambiar. Yo soy el primero que estoy deseándolo. Pero hay otro tipo de cosas que sí que debemos de tener en cuenta y es lo que vamos a hacer.

— ¿Te has encontrado ya con tus padres?
— Aunque en Baleares ya estamos en la fase 3, todavía no se puede viajar entre comunidades autónomas, a no ser por trabajo. Estoy deseando verlos.

— ¿Cómo está tu madre?
— Está bien. Se ha sentido muy sola, bueno está con mi padre, pero ella está acostumbrada a ver a mis hermanos y a los nietos. Mi hermano mellizo trabaja en un hospital y es responsable de todo un equipo y su mujer es  enfermera, eso nos ha ayudado a tomar muchas precauciones en toda la familia. Mi madre lo ha sufrido pero lo ha entendido y ya ve que la cosa va mejor. 

jueves, 7 de mayo de 2020

Alejandro Cerrudo: "Ahora podemos dedicar las 24 horas del día a lo que más amamos"

Curiosa expresión de Alejandro durante la entrevista (Foto: L.R.)

Este bailarín y coreógrafo madrileño que todavía no ha llegado a la cuarta década de su vida, vive feliz en Chicago con la bailarina Ana López y con Lúa, una preciosa niña de 2 años, hija de la pareja. Él hasta hace dos años fue coreógrafo residente del Hubbard Street Dance, ella una magnífica bailarina de la misma compañía. Ahora, este trío de sangre española vive los avatares del Covid-19 en su apartamento estadounidense.


Lola Ramírez
Por esa magia inexplicable de las nuevas tecnologías hacemos la entrevista a través de Face Time y tengo el placer de conocer a Lúa, que no está dispuesta a que todo el protagonismo del momento se lo lleve su famoso papá. De entrada me llama la atención el nombre gallego de la niña, pues a Alejandro lo conozco desde hace muchos años, cuando ambos éramos novatos en nuestras respectivas profesiones (él mucho más que yo) y sé que por sus venas no corre sangre gallega. "Ana, mi pareja, es de Sada", me dice. Casualidades de la vida, yo le estoy haciendo la entrevista desde un pueblo gallego desde el que puedo ver la localidad en la que nació su chica. Se lo digo y se ríe. "Ya lo sé", y por unos momentos recordamos tiempos pasados, juventud superada aunque no olvidada, que nos hace sonreír y olvidar por unos segundos a este impertinente bicho empeñado en poner al mundo global del revés.

Para Alejandro Cerrudo lo peor del Covid-19 es el presidente de los Estados Unidos. "Da algo de miedo porque se ve que es un poco ignorante y hace de menos las vidas humanas y este virus".  Las restricciones en el país que dirige Donald Trump no han sido ni están siendo "tan fuertes" como en España. "El presidente ha decidido que el gobernador de cada estado tome sus decisiones de abrir o cerrar. Por ejemplo, en Atlanta, estado de Georgia, ya pueden ir al cine o a la bolera, pero allí el virus está presente igualmente". El bailarín y coreógrafo madrileño confiesa que ve poco las noticias "porque me emparanoio como se emparanoia todo el mundo. Hago la compra por Internet y cuando me la traen intento desinfectarlo todo y lavarlo lo mejor posible. Hay momentos que ya no sabes lo que has tocado y lo que no has tocado".

Lúa escucha hablar a su papá y asoma su preciosa cara a través de la pantalla. Intercambiamos besos virtuales, ella totalmente ajena a eso tan serio de lo que habla el autor de sus días. "¿Qué quieres chiquitita?", le pregunta Alejandro a su niña. Y la chiquitita dice que quiere leche. "Pídesela a mamá". Mamá está trabajando en otra habitación del apartamento y Lúa no atiende a lo que dice su papá, quiere leche y quiere que se la dé él. Alejandro pone una expresión inocente y me dice que el Covid tiene también estas cosas. Toca trabajar en casa y conciliar profesión y paternidad, lo que implica hacer una entrevista atípica en la que una pequeña y deliciosa niña reclama de vez en cuando un mínimo de protagonismo. "Al principio tomamos el confinamiento muy bien —continúa Alejandro—. Yo tenía muchos proyectos, íbamos a viajar mucho los tres, pero esto nos ha obligado a parar. Entonces pensamos que dentro de lo terrible de la situación, podíamos disfrutar como nunca de la familia y de nosotros mismos. Tenemos la oportunidad de apreciar lo bueno que te está ofreciendo la vida, dentro de lo terrible que es todo esto. Poder dedicar las 24 horas del día a lo que más amas, era una "joya" que no podíamos dejar de apreciar".

Cerrudo nos habla de sus dos grandes proyectos desde su apartamento de Chicago (Foto: L.R.)

"Está claro que va a haber un antes y un después del Covid, pero lo cierto es que esta situación nos está forzando a tener una unión que, aunque en esencia ya existiera antes de la llegada del virus, no se podía materializar. A mí me encanta tener muchos proyectos, pero a la vez me ponía muy triste el no poder estar tanto tiempo con mi hija, no poder disfrutar de ella o tener que llevarla de un lado para otro".

- ¿Qué tiempo tiene Lúa?
- Acaba de cumplir dos años.

- Ana, tu pareja pertenece también al mundo de la danza, ¿no?
- Sí. Llevamos juntos diez años y ella bailaba en el Hubbard Street Dance. Yo dejé la compañía en 2018, dimití, y ella dejó de bailar con ellos en 2019, así es que ahora somos freelancers. Yo empecé a producir mi propio proyecto por primera vez. Esto es lo más grande. Mis dos proyectos más importantes en estos momentos son mi niña y mi proyecto profesional que he empezado desde cero. Eso significa que soy el productor, director, coreógrafo y todo. Tengo que buscar el dinero, contratar a los bailarines y ocuparme de toda la logística.

- ¿Tienes tu propia empresa?
- En términos legales sí. Pero es algo que empieza y termina con un único proyecto. Un proyecto que consiste en una noche completa de espectáculo de danza. Y cuando podamos hacerlo e ir de gira tendrá un principio y un final. No se trata de una compañía, yo sigo trabajando para quien me contrata. Esto es una excepción, no va a ir más allá de lo que es el proyecto en sí. Hacer algo así no es fácil, yo no he recibido ningún tipo de ayuda por parte del gobierno, todo está financiado por individuos que apoyan la cultura y que creen en lo que hago, gente que tiene un corazón y una generosidad increíble.

- En ese sentido EEUU es un paraíso para un artista, porque hay una cultura de mecenazgo que no existe en nuestro país.
- Si vamos a hablar de paraíso, yo creo que más paraíso es Alemania, porque allí es el gobierno quien apoya al artista y a la cultura, no son las entidades privadas. El hecho de que a mí me apoyen individuos no significa que eso sea fácil y que apoyen a todo el mundo. Yo tengo ya una reputación aquí, llevo muchos años. Pero esto es un proceso, no es tan fácil como pedir y que te den. Esto no es un paraíso. Yo soy muy afortunado porque ahora en mi primer proyecto en solitario estoy consiguiendo que se me apoye, pero lo ideal sería que no tuviera que extender la mano y pedir que se me ayude, lo ideal sería que el ejemplo de Alemania se repitiese aquí y que fuera el gobierno quien financiase la cultura.

El proyecto de Alejandro se llama It's stars now. Se trata de una obra muy abstracta en la que participan ocho bailarines. Danza contemporánea con formas teatrales. "Me encantaría que no se pudiera definir, que la definición fuera 'maravilloso'". El proyecto lleva en la cabeza del coreógrafo madrileño desde 2018. "La idea de producir mi propio espectáculo empezó por dos razones que han sido los pilares de esta obra. La primera, crecer como persona y como artista para aprender cosas que no he hecho nunca, la parte de producción, la parte de conseguir fondos, contactar con teatros, hacer contratos, el marketing, meter la cabeza ahí y aprender. Y la segunda razón es hacerlo de la manera que a mí como artista me va a beneficiar más. 

- ¿Tienes un sitio fijo para trabajar?
- No, eso es algo en lo que estoy trabajando para este proyecto, en conseguir residencias, es decir espacios en los que tuviésemos acceso a un estudio y que al mismo tiempo yo les pudiera proporcionar alojamiento a los bailarines además de pagarles muy bien, ¿sabes? No se trata de negociar contigo para ver cuánto saco sino ver cuánto puedo conseguir para poderles pagar a mis bailarines lo máximo.
Cerrudo explicando una coreografía suya

- ¿Nunca te has planteado volver a España?
- A veces se te pasa por la cabeza, pero yo en España no podría hacer nada. Está la Compañía Nacional de Danza y nada más. Podría hacer lo que estoy haciendo ahora y luego volar a donde me contraten.

- Seguramente estáis muy bien ahí, en Chicago
- Sí, ahora como ya no estamos en Hubbard Street Dance, nos está rondando la cabeza el mudarnos. Desde que tuvimos a Lúa y yo dimití en el HSD estamos en transición, llevamos dos años de transición. 

- ¿Por qué dimitiste?
- Porque llegamos a un punto en el que yo no compartía la visión artística del director. No me estaba dando la oportunidad de crecer. Me pidieron que no hiciera el proyecto que estoy haciendo. Se juntaron muchas cosas. Ahora van a cambiar de director. Por otra parte, tengo que decir que he estado muy bien en esa compañía. En ella he vivido la mayor parte de mi carrera y de mi éxito como coreógrafo. Allí fue donde empecé esa faceta de coreógrafo y donde he podido cultivar mi experiencia y lo que hago.

- Con el Covid, ¿paro total? 
- Sí, a mí me han cancelado todos los proyectos, excepto uno que todavía no me han cancelado. Se trata de un trabajo para el Check National en Praga, en noviembre, pero todavía no sabemos si se puede hacer o no. Una buena noticia fue que antes del Covid una compañía clásica que se llama Pacific Nord West Ballet me nombró coreógrafo residente y se supone que empiezo en septiembre con un contrato de tres años. Ya empecé a trabajar con ellos en una coreografía que se llama One sit in pieces, estuve allí seis semanas con dos asistentes y se canceló justo dos semanas antes del Covid, pero se han portado conmigo super bien y si todo encaja en septiembre lo retomaremos; la primera creación no será hasta marzo del 2021, así que vamos a ver.

- Ahí en Chicago, ¿podéis salir libremente a la calle?
- Se supone que te tienes que quedar en casa, a no ser que salgas como en España a comprar comida o ir a la farmacia o al médico, pero no hay policía, nadie te va a parar por la calle. Han cerrado los parques, eso sí.

- ¿Qué haces a lo largo del día?
- Desde luego no nos aburrimos. Con una niña pequeña tus horarios tienen que adaptarse a ella, pero lo cierto es que estamos muy entretenidos. Vamos a hacer un vídeo que nos pidió el Gugenheim Work and Process (que es una rama del Gugenheim Museum dedicada a la danza y a las artes en general) y yo trabajé con ellos hace tres años e hice una actuación en la rotonda del Museo, un espacio muy original. Y, bueno, tengo esa relación con ellos y he contactado con algunos artistas para hacer unas mini comisiones que nos han pedido, algo que represente a unos artistas haciendo arte en casa.

- ¿Os lo han pedido a tu pareja y a ti?
- Sí, nos lo han pedido a los dos. Es un montaje con cuatro bailarines que escogí yo. El proyecto era de Daniil Simkin, bailarín principal del Americam Ballet Theatre. Daniil me contrató para ponerlo en marcha y yo por mi parte contraté a tres bailarines y uno de ellos es Ana, porque Ana es una fuera de serie.

- No es que lo digas tú...
- No, es tan obvio que es buena que no me causa ningún problema contratarla. Nos conocemos mucho, hemos trabajado en varias ocasiones juntos y eso no me ha creado ninguna situación incómoda. Si ella no bailase bien estaría en constante apuro, pero como es una fuera de serie no tengo ningún reparo en contratarla. Yo siempre me pongo el listón muy alto en todo lo que hago y ahora nos han pedido que hagamos esto en casa, pero con Lúa es un poco difícil.

- Integrarla en el conjunto.
- Podríamos hacerlo, pero no queremos. No hemos puesto ninguna foto de ella en ningún lugar, aunque nos morimos por hacerlo,  pero yo quiero que ella sea más consciente, que pueda tener una voz. Llegado el momento ella puede pensar que sus padres fueron tontos por haber resguardado tanto su imagen, pero hemos tomado esa decisión y por eso no la integramos en este vídeo, pero sería genial porque bailamos todos los días. Ella me coge del brazo y me dice, venga, vamos a bailar. Ana y yo antes de tenerla dijimos que ni la íbamos a inclinar hacia la danza ni queríamos comprarla nada rosa. Pues le encanta el color rosa y le encanta bailar.

- Lo lleva en los genes.
- Esta claro que nos ha visto bailar desde que nació. La hemos tenido en el estudio con nosotros porque no había otra forma de hacerlo, entonces nos ha visto bailar desde que era un bebé. Si nosotros decimos vamos a trabajar, ella interpreta vamos a bailar y le encanta hacerlo. Un día pusimos El Lago de los Cisnes y no veas cómo mantenía el ritmo. Pero, claro, qué voy a decir yo que soy su padre. Así es que me imagino que hacer este vídeo que queremos hacer, con ella por el medio no va a ser fácil.

- Con esta movida, cuando terminéis el video se terminó ya el confinamiento.
- No sé cuándo se va a terminar esto porque para el mundo de la danza es más complicado todavía. Es el último sector que va a empezar a trabajar. No me imagino a la gente sentándose en un teatro que a lo mejor tiene un aforo de 2000 personas.

- ¿Te preocupa mucho el futuro?
- (Se lo piensa un rato) Intento no pensarlo, pero cuando lo pienso sí que me preocupa, estoy intentando buscar alternativas. Estoy intentando el plan B, C y D. Supongo que como todo el mundo. El caso es que las actuaciones se están posponiendo. No sabemos cómo va a acabar y cuando acabe cómo va a ser.

- ¿Tienes gente en tu entorno que haya pillado el coronavirus?
- No directamente. Mi hermano, que vive en Madrid, estuvo un poco malo y se hizo dos tests y le dio negativo y aún así por protocolo le llamaron para hacerle un tercer test que también dio negativo, pero bueno tiene algún problemita, pero está bien.

- Algo bueno nos dejará este drama.
- Yo creo que sí, creo que nos va a unir un poco más y espero que nos abra los ojos a todos los problemas globales del mundo, porque esto no lo puedes eludir, no te puedes escapar a otro país, el virus está en todo el mundo. Espero que esto nos haga abrir los ojos a todos los problemas que afectan a la Tierra y que debemos afrontar juntos.

viernes, 1 de mayo de 2020

Pedro de los Ríos, un aventurero en Miami



Economista, bombero y, sobre todo, artista multidisciplinar, Pedro de los Ríos es un español residente en Miami, en donde trabaja como director y profesor de Miami Sensual Bachata, escuela de bailes latinos. 

Lola Ramírez
En sus 45 años de vida a Pedro de los Ríos le ha dado tiempo a probar fortuna en diversas profesiones. Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid, durante varios años trabajó en el mundo de la banca, en entidades como el BBVA y La Caixa. Desde niño manifestó una gran inclinación hacia el arte y ya en su etapa de estudiante ingresó en la tuna universitaria y aprendió canto y guitarra. 

Su perfil aventurero le llevó a preparar una oposición a bombero, a la vez que aprendía nuevas disciplinas de baile, como jazz, tap, ballet y sobre todo bailes latinos. Durante varios años trabaja en la Comunidad de Madrid como bombero y compagina esta actividad profesional con su faceta artística, interpretando los principales roles de zarzuelas en la Agrupacion Lírica de la Casa de Valladolid. Participa en varios musicales, entre ellos Sweeney Todd, de Mario Gas. Su formación y actividad profesional continúa durante varios años en España hasta que se muda a Miami (Florida) donde decide desarrollar plenamente su faceta artística creando su propia empresa, Miami Sensual Bachata, en la que enseña baile y con la que actúa por todo el país.

 El Covid-19 le ha sorprendido en la cosmopolita ciudad estadounidense, en donde según comenta el confinamiento se ha desarrollado de manera “más inteligente y efectiva que en España”. 

- ¿Por qué crees que ha sido más inteligente?
- Porque cerraron pronto los bares, restaurantes, tiendas, lugares donde se pudiera congregar la gente, parques, playas… Pero no hay un control tan estricto como en España. Se puede salir tranquilamente a la calle y hacer deporte. Sólo hay supermercados abiertos y negocios muy concretos, como ferreterías, asesorías para hacer las declaraciones de impuestos y también se siguen realizando algunas construcciones.

Con Cosette M. Rodríguez. (Foto: @pedrophotospro)


- ¿Cómo te encuentras?, ¿cómo combates el miedo, si es que lo tienes?
- Pues intento mantenerme positivo y activo, creo que es muy importante en estos días crearse metas, hacer trabajo atrasado. Intento no leer las noticias negativas, sino las positivas, hablar con amigos que tengan la misma actitud que yo. Respecto al miedo, intento no tenerlo, tuve una gripe al principio de toda esta locura, creo que no era Coronavirus pero, claro, te emparanoias. Por mi estilo de vida y mi edad, creo que tengo pocas posibilidades de cogerlo. Por otra parte, creo que es importante mantener la moral, porque eso te ayuda frente  a las enfermedades. 

-¿Estás solo o acompañado? 
- Estoy con mi pareja, eso ayuda mucho. Nos apoyamos mutuamente y todo se hace más ameno. También trabajo con ella, así que podemos plantear cosas juntos. 

- Con respecto a tu trabajo, ¿sigues manteniendo algún tipo de actividad?  
- Comencé haciendo clases online por zoom, pero no tuvo mucho éxito. Creo que este tipo de clases (baile latino) a la gente le gusta más hacerlo para conocer gente nueva, ligar, etc., pero desde casa no tiene tanto éxito.  Mi única fuente de ingreso en estos momentos es la clase de zumba online que hago para mayores. Mi chica y yo estamos preparando un curso entero de bailes latinos para youtube, facebook, instagram, para poder comercializarlo en un futuro cuando la gente vuelva a tener dinero. 

- ¿Qué obra estabais preparando en la compañía cuando se proclamó el estado de alerta? ¿Cuál era la próxima fecha de actuación? ¿Crees que se podrá mantener?
- Cuando se declaró la cuarentena estaba en una obra de teatro inmersivo Miami Motel Stories, íbamos a seguir por lo menos durante un mes. Era un gran reto pues era teatro en inglés, la primera vez que lo hago, y con cierta parte de improvisación, más difícil cuando no es tu idioma nativo. También estaba preparando con mi pareja un show de Cabaret Burlesque para un restaurante, donde había baile, canto, actuación, Drag-Queens…. Era el 31 de Marzo, y claro no lo pudimos hacer. La intención de las compañías es seguir haciendo los shows cuando todo vuelva a la normalidad o semi normalidad. 

En Miami Beach preparado para lanzarse (Foto: @pedrophotospro)
- Laboralmente, ¿en qué situación estás: baja, despido, ERTE?
- Mi principal fuente de ingresos es las clases que yo doy por mi cuenta en estudios, gimnasios, bares…. En la mayoría de ellas soy mi jefe (una especie de autónomo). Cuando no las doy, no recibo dinero, claro. Entones, estoy esperando a que pase todo esto y poder volver a todas las clases poco a poco.  

- Al margen de la cuestión profesional, ¿en qué ocupas todo el día? 
- Intento mantenerme muy activo, casi todos los días salgo a correr o en bici. Hacemos work out en la terraza con cualquier cosa que pillamos, un cubo lleno de agua, un trozo de tronco, con gomas…jejeje. Me encanta acercarme a la bahía y ver el mar. Me compré un kayak y los días soleados vamos a navegar a la bahía o a algún canal que haya cerca. También empecé a plantar un huerto, tengo una pequeña terraza que tenía un poco descuidada y planté varias semillas. Me gusta ver cómo crecen cada día. 

- Además de las cifras de enfermos y muertes, ¿Qué es para ti lo peor de esta situación? ¿Y lo mejor? ¿Te está haciendo esta experiencia descubrir algo acerca de ti mismo? 
- Lo peor de esta situación es ver la parte egoísta de algunas personas, cuando compran indiscriminadamente alcohol, papel higiénico, etc., muchas veces para revenderlo y lucrarse. También creo que los artistas vamos a estar especialmente afectados por esta situación, ya que en las clases, shows, etc., siempre hay reunión de gente, y esto va a tardar tiempo en regularizarse. Lo mejor de esta situación es que creo que va a cambiar bastante nuestra realidad, valorar más las cosas, el contacto humano, lo espiritual, … La enfermedad puede afectar a cualquiera, por mucho dinero que tenga. Todos somos iguales…. Valorar más pequeñas cosas, como dar clases, tener libertad de trabajar en lo que te gusta …

- ¿Qué harás el primer día que puedas salir libremente a la calle? 
- Por suerte, como te dije, aquí podemos salir a la calle, aquí es verano, como casi todo el año, hace un tiempo estupendo. Pero valoraré muchísimo cuando abran las playas y poder hacer kitesurf que es una de mis pasiones.  

- Con la relación tan física y tan estrecha  que hay en la danza, ¿te preocupa la vuelta al trabajo? ¿Tienes miedo al contagio? 
- No tengo miedo. Yo volveré, en cuanto me dejen, a los bailes de pareja, con ciertas precauciones, como guantes y  barbijo. Todavía, desde mi punto de vista, no se sabe mucho sobre cómo se contagia esta enfermedad o si quizá es algo relacionado con la frecuencia de nuevas tecnologías…etc. La realidad es que tendremos que convivir con ello. Confío en que encuentren pronto formas de combatirla para que no sea tan mortal y que lleguen pronto las vacunas. 

martes, 28 de abril de 2020

Elisabet Biosca: "Nuestro gremio necesita más ayudas"

Primer y curioso primer plano de la bailarina catalana

Esta solista de la Compañía Nacional de Danza cuenta en su honor el haber protagonizado en varios teatros del mundo la Carmen de Johan Inger, por la que el prestigioso coreógrafo recibió en 2016 el Benois de la Danse. Ahora, Elisabet Biosca sueña con el momento en el que se volverá a poner sobre un escenario.

Lola Ramírez
"La relación que tengo con la danza ha sido fruto de la casualidad" —afirma Elisabet Biosca—. "Todo empezó como un juego. A los 9 años mi madre me apuntó en una escuela de danza, como actividad extraescolar". Poco a poco, el gusanillo del ballet se le fue metiendo en el alma y a los 18 años empezó a pensar que tenía que elegir entre estudiar Veterinaria, que era lo que tenía proyectado hasta ese momento, o se dedicaba en cuerpo y alma a la danza. "Ahora o nunca", se planteó. Y ganó la danza.

Hizo las pruebas de acceso para el Conservatorio Superior de Danza de Barcelona-Institut del Teatre y continuó su formación de danza. "Después del conservatorio entré en la Joven Compañía del Institut del Teatre IT Dansa, bajo la dirección de Catherine Allard. "Fue una etapa muy enriquecedora, aprendí la base, la actitud, la manera de trabajar y de gestionar el movimiento y la danza. Siempre he pensado que si volviera a nacer, volvería a escoger la danza y trazaría la misma trayectoria de aprendizaje". 

El pasado 12 de marzo el equipo directivo de la CND comunicó a la compañía que el confinamiento en Madrid, debido al Covid-19 iba a ser inminente y que la actividad tenía que pararse por motivos de seguridad. "Llevo desde el 13 de marzo confinada en mi casa. Afortunadamente no estoy sola y me siento animada. La verdad es que me faltan horas para poder hacer todo lo que me propongo". 
- Descríbeme cómo es un día tuyo en esta situación actual. 
- Los días de confinamiento son un poco rutinarios. Desayuno, clase de yoga y clase de ballet por la mañana, con un posterior refuerzo de “gym” en casa con ejercicios específicos para reforzar alunas cadenas musculares. Después estudio un poco si no tengo que salir a comprar (una vez cada dos semanas) o me pongo a cocinar. La tarde la dedico entera a los estudios. He empezado este año el Grado Superior de Danza en el Conservatorio María de Ávila de Madrid y los profesores nos están mandando todos los trabajos para cerrar el curso. Las asignaturas presenciales se han adaptado al modelo “telemático”. A las 20h. salgo al balcón para aplaudir lo que está haciendo el personal sanitario y los que contribuyen a la lucha contra el Covid-19. Después aprovecho y me quedo un rato hablando con los vecinos, para distraernos un poco y siempre intentando buscar el lado positivo de la situación. 

"V" Section de Walking Mad, en el Mercat de les Flors
- ¿Qué es lo que más echas en falta de la situación anterior? 
- El contacto humano. La despreocupación por si estamos demasiado cerca, poder ver las calles de Madrid en plena ebullición... Estoy deseando volver al trabajo y poder bailar, tomar la clase y ensayar en condiciones normales, ir a cenar con los amigos, al cine, al teatro... 
- Supongo que saldrás de vez en cuando a la farmacia o hacer la compra, ¿te crean estrés esas salidas? 
- No, no me crea estrés porque hay que adaptarse a la situación y no dejar que este momento de confinamiento genere depresión. Tengo la suerte de que me faltan horas al día y estoy distraída. Lo que se me hace muy extraño es ver Madrid sin gente, salir a comprar y tener que hacer cola, Siento extraño que alguien tenga un poco de tos y la gente le mire mal o se aparte exageradamente. Entiendo el miedo, pero hace unos meses nadie pensaba que íbamos a vivir esta situación. 
- ¿Piensas en el futuro? Las personas como tú, bailarines y artistas en general, lo tenéis un poco más difícil ya que vuestra profesión exige grandes concentraciones de gente. 
- Nuestra profesión es muy de contacto humano. No concibo nuestra profesión sin público, porque si algo tiene la danza es que es un arte efímero y por lo tanto hay que vivirlo. Cada función, cada día, cada momento es diferente y eso se refleja en el escenario.Tenemos la mala suerte de ser el último sector en reincorporarse al trabajo y me da mucha rabia, pero entiendo que es por seguridad. No se puede desandar el camino recorrido y precipitarnos por volver a trabajar sin las condiciones adecuadas. 
- ¿Cuál es tu situación laboral ahora? 
- De momento nos van comunicando las prórrogas del estado de alarma y estamos intentando mantener la actividad de la compañía y la forma física desde casa. 
- ¿Qué opinas de las medidas tomadas por el Gobierno para frenar el contagio? ¿Crees que se podría abrir un poco la mano: por ejemplo, permitir que la gente salga a hacer ejercicio, sin correr peligro de una marcha atrás? 
- Creo que nuestra naturaleza tiende a que nos juntemos con amigos, con compañeros, tendemos a hacer grupo. Además, los españoles somos muy sociables y extrovertidos. Permitir que la gente salga a la calle puede ser un arma de doble filo. Los colectivos más vulnerables necesitan salir, pero creo que, hasta que no se haga una prueba genérica a los ciudadanos para saber quién es inmune, el desconfinamiento puede ser arriesgado. 
- En países como Alemania, en donde las cifras de contagiados y muertos son mucho menores que en el nuestro, la gente puede salir a pasear por el bosque, a andar en bici o dar un paseo por su barrio. Me pregunto - y te pregunto- ¿por qué crees que ellos teniendo una situación mucho más permisiva se contagian menos? 
- Cada país es completamente diferente, empezando por el carácter de la gente y el estilo de vida. Realmente no sé por qué en estos países la situación es distinta. Quiero pensar que cada Gobierno toma las mejores decisiones para la seguridad de sus ciudadanos. 
"Gods and Dogs" de Jiri Kylián en el Teatro de la Zarzuela
- ¿Estás de acuerdo en que no hay mal que por bien no venga? En ese sentido, ¿qué te está enseñando esta situación? 
- Lo primero que he aprendido es a hacer un parón en esta vida tan frenética que tenemos. Entramos en torbellinos de estrés y trabajo, nos decimos a nosotros mismos que parar no es una opción.
 Con esta situación nos hemos visto obligados a parar. Las consecuencias para las empresas y las familias son devastadoras. Ya nos han advertido de la enorme crisis en la que hemos entrado y lo difícil que será salir de ella. A nivel personal intento ver que hay algo positivo en todo esto. Nunca hemos estado tanto tiempo encerrados con nosotros mismos. Nuestro compañero de viaje en esta situación somos nosotros mismos. Creo que con el estilo de vida que llevábamos habíamos olvidado “conversar” con nuestra voz interior. Seguimos estando comunicados con nuestros familiares y amigos porque nos lo permiten las redes sociales y la tecnología en general. Creo que lo que más echamos de menos es el contacto humano, sobre todo poder abrazar a nuestros seres queridos. Otro aspecto que me preocupa es el cambio climático. Me preocupa la rapidez con la que se amplía el agujero de la capa de ozono y se ha comprobado que el parón que hemos hecho, ha permitido dar un respiro al planeta y ha mejorado la calidad del aire que respiramos. Creo que también deberíamos considerar este factor para reducir la contaminación ambiental. 
- Parece que la cultura va a ser uno de los sectores más afectados ¿Te preocupa? 
- Claro que es preocupante. La cultura es un bien necesario dentro de la sociedad. Creo que cualquier sociedad avanzada pasa por defender la cultura. Nuestro gremio es uno de los peor parados y necesita más ayudas para no hundirse. Miles de personas perderán su trabajo o verán frenados sus proyectos artísticos sin saber a ciencia cierta cuándo podrán reanudar su actividad. 
- ¿Tendrán que cambiar los formatos de los espectáculos? 
- Son preguntas muy difíciles de resolver.
 Vivimos el día a día y no existe una fórmula para descifrar cuándo terminará el estado de alarma. Lo que sí es importante recordar, es que la cultura no se puede descuidar. Sin cultura no hay país. 
-¿Cómo te imaginas que será el primer día que puedas salir a la calle? ¿Qué es lo que más te apetece hacer? 
- Lo primero que quiero hacer es visitar a mi familia. Abrazarlos, estar con ellos, cenar todos juntos, reírnos.... 
- A veces veo imágenes en la televisión de hace poco en las que se ve gente paseando, charlando, tomando un vino en un bar con los amigos... ¿Cuándo podrán esas imágenes formar parte de nuestro presente? 
- Seguimos en estado de alarma. Ni siquiera hemos empezado el desconfinamiento escalonado. Se comenta (sin saber con exactitud) que en otoño podríamos vivir una situación parecida aunque menos extrema. Francamente no lo sé. No creo que sea algo que pueda saberse con exactitud. 
- La danza es una actividad en la que el contacto físico es muy estrecho. ¿Tienes miedo al contagio una vez se retome la actividad? 
- Creo que antes de volver al trabajo, todo el mundo debería hacerse una prueba para saber si ha pasado el Covid-19 y ha generado inmunidad. Me pregunto qué pasa con los asintomáticos, cuánto dura realmente la inmunidad. Soy la primera que desea volver a la actividad normal, poder ensayar, poder pisar el escenario, bailar ante un público que disfrute viendo danza... Amo la danza y me encanta bailar, pero la seguridad de todos los trabajadores es lo primero. 
-Por último, ¿que proyectos tenía la CND cuando surgió el Covid-19? ¿Baraja la compañía una fecha para reanudar los espectáculos o es todo una incertidumbre? 
- Por ahora nos han comunicado que las giras que teníamos programadas se han cancelado a la espera de volver a programarlas y readaptar fechas cuando esta situación termine. Pero es una situación excepcional y realmente es imposible decir nada con exactitud. 

Biografía Elisabet Biosca



lunes, 27 de abril de 2020

Federico Fresi, un mañico en La Scala de Milán

Fotografiado a las afueras de Milán por Raoul Lacometi

Nació en Italia, pero vivió muchos años en Zaragoza y alguno en Madrid, así es que además de italiano, se considera "mañico". Desde 2014, Federico Fresi tiene la categoría de solista en el Ballet de La Scala de Milán. En esta ciudad italiana vive, en compañía de su madre, el confinamiento obligado por el Covid-19

Lola Ramírez
Durante algún tiempo Federico Fresi, hoy solista de La Scala de Milán, fue junto a Joan Salas y Mireia Facal (todos ellos bailarines en la compañía Arte 369, dirigida por María Giménez), mi vecino del quinto. Los tres vivían en un amplio y luminoso piso dos plantas más arriba del mío y de vez en cuando compartíamos cenas, ilusiones y entrevistas. Fue una época preciosa, en la que la ilusión de la recién nacida compañía de María Giménez nos hacía creer que España iba a tener una nueva y estable compañía de ballet clásico. ¡Qué ilusos!

El sueño no duró mucho,  pero sí lo suficiente para que Arte 369 produjera tres grandes obras de ballet clásico: Giselle, Cascanueces y Don Quijote. Federico fue el protagonista de Cascanueces y la verdad es que ya por aquellos entonces se vislumbraba como un bailarín de carácter. Y además, el tiempo lo diría, un hombre de suerte.

“La verdad es que pasó todo muy rápido —recuerda él—. Durante unas vacaciones en Enero de 2008 fui a hacer una audición a la Scala de Milán y me cogieron, pero sin fecha. Así es que me volví a Madrid. Un día, en la compañía de la señora Giménez, donde estaba trabajando, nos dijeron que por problemas económicos iban a cerrar y, casualmente, ese mismo día por la tarde me llamaron desde Milán para decirme si podía presentarme en la compañía para empezar a trabajar tres días después. No podía creérmelo”.
Entrenando

Ahora a Federico, como a muchos ciudadanos del mundo, la suerte le está driblando. Él vive en uno de los focos más agresivos del Covid-19: Milán. "Aquí todo empezó a mediados de febrero. La compañía cerró el 26 y la cuarentena empezó el 6 de marzo, así que llevo casi 50 días en casa, pero por suerte la situación está mejorando y el 4 de Mayo deberíamos empezar a salir con precaución”

En forma total
- Perdona la indiscreción. ¿Vives esta situación en solitario o tienes compañía?
- Estoy pasando la cuarentena en casa con mi madre

- ¿Has sentido o sientes miedo?
- No, miedo no. Pero claro, no fue divertido saber que estaba viviendo a unos cuarenta kilómetros del pueblo donde empezó a propagarse la enfermedad en Italia, y por supuesto llegó fuerte también en Milán. Por eso decidimos, mi madre y yo, salir lo menos posible de casa. La compra la hacemos online y salimos a dar un paseo cerca de casa muy de vez en cuando. Mejor no arriesgarse.

- ¿Cómo es un día tuyo en estas circunstancias? ¿Qué haces a lo largo de las 24 horas del día?
- Al principio me tomé todo como unas “vacaciones”, no es que hiciera mucho, la verdad. Pero después empecé a hacer ejercicios. Por la mañana hago mi clase, compré un linóleo como los que tenemos en la compañía porque los primeros días no conseguía hacer nada con el parqué en casa. Después hago un poco de workout para no perder la resistencia. Y por la tarde, libre. Miro Netflix, juego a la Playstation, a veces tomo cervezas online con mis amigos. Intento no aburrirme, aunque a veces es difícil.

- ¿Has descubierto alguna afición o talento desconocido? ¿Eres cocinillas? ¿Cocinas a la italiana o llamas al Telepizza para que te traigan algo comestible?
- Me gusta cocinar, pero por suerte está mi madre, así que estoy comiendo muy muy bien.

- ¿En qué situación laboral te encuentras?
- Yo tengo la enorme suerte de tener contrato indefinido con la Scala. En estos últimos meses he cobrado el 100% de mi sueldo, pero a partir del próximo creo que va a ser del 70%. Me considero muy afortunado respecto a millones de personas en Italia que, por culpa de esta situación, no consiguen ni siquiera llegar a fin de mes.

- Ponme un poco al día. ¿Ya eres solista? ¿Desde cuándo?
- Sí, lo soy desde abril de 2014. Fue muy emocionante cuando pasó. Y el año siguiente fui contratado por Boston Ballet como First Solist. Estuve allí un par de años y luego, por el contrato que tengo en la Scala, tuve que volver. Una experiencia inolvidable.

- Tú eres italiano, estás en tu tierra. En cualquier caso, ¿echas de menos algo de España? ¿Qué?
- Echo muchísimo de menos España. La comida, la gente, la alegría que hay allí no se encuentra fácilmente. He vivido en Zaragoza durante muchos años y luego en Madrid, así que me considero mitad italiano y mitad español , "mañico".

- ¿Cómo ves el futuro? ¿Tienes momentos de desaliento o crees que esto pasará más pronto que tarde?
- Seguramente va ser muy diferente de cómo lo conocíamos. Pasará tiempo hasta que se pueda volver a vivir como antes del coronavirus. En unos días, en Italia volverán a abrir tiendas y la gente podrá volver a dejar sus casas, pero creo que tendremos que empezar a saber coexistir con el virus porque no va a desaparecer mañana.

- ¿Os permiten salir a hacer algo de ejercicio? Aquí estamos encarcelados. Si a alguien se le ocurre ir a pasear por un lugar solitario y le ve alguien desde su casa, la gente se chiva. Es un horror. ¿Ahí es tan rígida la cosa? 
- Igual aquí. No se puede salir para hacer ejercicio, sólo para sacar el perro, hacer la compra u otros motivos importantes. El pasatiempos favorito aquí al principio era estar en el balcón para primero insultar todos los que veías hacer jogging o pasear  2 horas con el perro y luego, a las 18h, empezar a poner música y aplaudir. Hasta que la gente empezó a aburrirse de eso también.
Con Camila Cerulli

- ¿Qué espectáculo teníais previsto cuando te pilló la encerrona? 
- Teníamos un estreno mundial de Mauro Bigonzetti, coreógrafo italiano. El ballet se llama Madina y está inspirado en el libro de Emmanuelle de Villepin “La ragazza che non voleva morire”. Ha sido todo aplazado a la próxima temporada.

- El sector en el que te mueves es el más afectado, como en general todo lo que afecta a la cultura. ¿Te preocupa que se tarde mucho en abrir teatros? ¿Se te ocurre de qué manera se podrían abrir los teatros sin exponer a la gente a más contagios?
- Estoy muy preocupado, porque los teatros aquí van a ser los últimos en abrir, quizás en Septiembre. Y hasta entonces no sabemos mucho de lo que va a pasar, y esto también para las escuelas de ballet. De seguir así muchas cerrarán. Va a ser un golpe muy duro para el ballet mundial. Una idea sería hacer espectáculos en streaming, pasarlos en televisión, algunos gratis y otros con una subscripción. Así los teatros podrían volver a ganar algo de dinero y la gente podría volver a ver ópera o ballet.

- ¿Qué reflexión te inspira toda esta situación? ¿Crees que en alguna medida los ciudadanos somos culpables de lo que está sucediendo?
- Seguramente habrá que cuidar más el planeta. Culpables del coronavirus no creo, pero es bonito ver cómo en estos dos meses encerrados en casa, la tierra ha vuelto a respirar. Ciudades menos contaminadas, animales que vuelven a su hábitat después de años, mares más limpios. Sería bonito que esto siguiera también cuando todo vuelva a la normalidad.

- ¿Te da miedo la vuelta al trabajo? El ballet es muy físico, el contacto con la gente muy estrecho. ¿Te ves bailando con mascarilla? 
- Bueno, las hay muy bonitas. Yo hice una vez una producción de Romeo y Julieta para la Comunidad de Madrid y compré unas chulísimas. Me da miedo volver y estar fuera de forma, más que el contacto con otras personas. A veces me imagino cómo será el día en que podamos volver a entrar en el teatro. Seguramente va ser emocionante, apreciar más las cosas que antes dábamos por ciertas. Va a ser muy raro bailar con mascarilla y guantes, espero no desmayarme mientras bailo con la boca tapada.

Biografía Federico Fresi:

"Nací en Turín, Italia. A los 10 años con mis padres, los dos italianos, nos fuimos a vivir a Menorca, por motivos de trabajo. Empezó a enseñarme ballet mi madre a los 13 años, antes yo jugaba a fútbol. A los 14 fui al concurso de Torrelavega, y María de Avila me dio una beca de estudios para su escuela en Zaragoza. Estuve allí hasta los 17 años. A los 18 conseguí mi primer trabajo en el English National Ballet, estuve allí un año. Después empecé a trabajar en Arte 369 con María Giménez, el primer año como solista, el segundo como principal.
En el 2008 me fui a la Scala, y en el 2014 me ascendieron a solista. En el 2015 me fui dos años como first soloist al Boston Ballet.


sábado, 25 de abril de 2020

Alicia Amatriain: "Mi futuro es mi pequeñita, cuidar a mi familia"


Aunque el Covid-19 se haya convertido en un impertinente ególatra que ocupa todas las páginas de la prensa, lo cierto es que la vida sigue. Afortunadamente ocurren otras cosas en el mundo y mucha gente en medio de esta virulenta vorágine ve cumplidos sus sueños. Es el caso de Alicia Amatriain, primera bailarina del Stuttgart Ballet, que hace cinco semanas dio a luz a una preciosa niña.

Lola Ramírez
Hace 9 años le hice mi primera entrevista a Alicia Amatriain. Entonces ella, convertida ya en una famosísima primera bailarina del Stuttgart Ballet, iba a actuar en el Festival de Peralada. En aquella entrevista Alicia me confesó que su máxima ilusión era formar una familia. Siete años más tarde, el 27 de julio de 2018 la bailarina donostiarra comenzaba a cumplir su sueño casándose con Xander McGowan, solista de la misma compañía que ella. Y hace unas semanas, en plena explosión del coronavirus, vino al mundo Haizea, la pequeña hija de la pareja. “Sueño definitivamente cumplido –me dice Alicia- y más bonito de lo que esperaba. Tuve mucha suerte con el parto ya que Haizea llegó un par de días antes de los esperado. Normalmente se dice que las madres primerizas alargan unas dos semanas el embarazo, lo cual en la situación que estamos viviendo habría sido un desastre. Pero como llegó antes tuvimos lo que se puede entender como un parto tranquilo. Mi marido, Xander, pudo estar a mi lado, había mucha seguridad en el hospital y además fue antes de que se pusieran las cosas bastante más serias”.



Alicia con su hija Haizea
El día de su boda con Alexander Mc Gowan














- Mis amigos alemanes me cuentan que en Alemania las restricciones por el Covid-19 son menos exigentes que en España.
- Sí, la situación aquí ha sido y es muy diferente que en España. Llevo de baja maternal desde mitades de febrero, pero en Alemania cuando una bailarina queda embarazada se le prohíbe trabajar, incluso tomar clases, pues es demasiado arriesgado. Yo llevo desde septiembre sin hacer una sola clase. El tema del Covid-19 me pilló justo después de dar a luz, que fue cuando la compañía entró en cuarentena. La verdad es que para mí el no salir de casa no ha sido algo difícil ya que con una recién nacida es todo muy diferente. Hemos tenido estas últimas cinco semanas para conocernos a fondo. Ahora salimos a dar paseos por el bosque que tenemos detrás de casa, pues en Alemania tenemos la suerte de poder salir a pasear.


- En estos momentos y visto desde España, eso de pasear por un bosque con un bebé suena realmente idílico, aunque aquí también a partir de mañana los niños podrán salir algo a la calle, después de más de 40 días encerrados.
- Lo cierto es que en Alemania la situación es bastante más relajada. Salimos todos los días a dar un paseo, que nos dé un poco el aire. Haizea tiene 5 semanas así que aún es pequeñita, pero que le dé el aire y esté en medio de la naturaleza es fantástico. Nosotras no salimos de compras ni vamos a un supermercado. Tengo la suerte de que eso lo hace Xander, mi marido. Haizea y yo no nos ponemos en esas situaciones con mucha gente alrededor. Mi futuro es mi pequeñita, cuidar de mi familia. 

Después de varios días entrevistando a bailarines que viven en su país de residencia situaciones de confinamiento más relajadas que en España, me pregunto cuál es la diferencia. Cuesta pensar que en nuestro país sean los políticos más incompetentes o que la suerte nos haya dado la espalda. “Yo tampoco sé porqué Alemania ha tomado medidas diferentes a España –contesta Alicia-. Tampoco sé porqué el número de contagiados es menor. Lo fácil siempre es echar la culpa al Gobierno. Con eso tampoco quiero decir que el Gobierno tenga la razón o que no sea el culpable, pero lo cierto es que echando la culpa al prójimo no se arregla nada. No sé qué país ha tomado la mejor decisión, solo sé que son dos culturas muy diferentes. Sé que la manera de vivir el día a día en España o en Alemania es distinta.


Alicia Amatriain en Romeo y Julieta, cuando recibió el Benois de la Danse

- Entiendo que la mayor parte de tu familia está en San Sebastián. ¿Cómo vives la distancia en estas circunstancias?
- Sobre todo me preocupa que estén bien, pero la distancia es algo a lo que estamos acostumbrados. Justo una semana antes del confinamiento mi madre iba a volar a Stuttgart para estar conmigo cuando Haizea naciera, pero hubo que cambiar los planes. Mis suegros también iban a venir y su vuelo fue cancelado. Así que Haizea no ha podido conocer a ninguno de sus abuelos, sólo la han visto por video llamada. A mí lo que más me duele es la incertidumbre de no saber cuándo vamos a poder darnos un besito o un abrazo.

El Covid-19 no ha podido influir mucho en el día a día de Alicia Amatriain, ya que como madre recién estrenada, sus días transcurren plácidos y felices al lado de su pequeña hija, disfrutando del placer de descubrir a esa personita que abre los ojos a un mundo cuyo estado de confinamiento apenas le afecta. Es más, Alicia al igual que otras madres, puede disfrutar en estos momentos de la compañía de su marido, como no hubiera podido hacerlo de ser la situación normal. “Xander no tiene que ir al teatro, por lo tanto se pasa el día a mi lado, ayudándome en la tarea de atender a nuestra hija. Así que yo no me puedo quejar. Claro que echo en falta el no tener a la familia y a los amigos cerca, pero me mantengo positiva. El despertar y ver la carita de Haizea todas las mañanas me hace ver que hay un futuro y por mucha incertidumbre que nos rodee, encontraremos la manera de salir adelante. Estoy convencida que de esta situación hay mucho que aprender”. 

- En España la oposición y algunos sectores de la sociedad echan la culpa al Gobierno en el desarrollo de esta pandemia. 
- El echar la culpa a los gobiernos no es una cosa que se haga solo en España, sino que ocurre en todo el mundo. La situación es la que es y no se puede dar marcha atrás. Lo único que podemos hacer es luchar  por conseguir un futuro mejor, seguir positivos y aprender de esta situación para que no se vuelva a repetir. 


- Parece que la cultura en general y el ballet en especial van a ser uno de los sectores más afectados. ¿Te preocupa?
- Claro que me preocupa. Es lo que nos da de comer. Sabemos que para nosotros, los bailarines, el futuro será muy diferente, pero tenemos que pensar en positivo. Esta situación nos está enseñando que todo se nos puede ir de las manos en cualquier momento y que nada es para siempre. Tenemos que vivir el momento y empezar a apreciar los detalles, disfrutar con las personas que tenemos al lado de esos momentos diminutos que nos ofrece la vida y en los que ni siquiera nos fijamos y que ahora tanto echamos en falta.  


Mientras esos pequeños momentos se hacen de rogar, Alicia se permite el derecho de soñar con salir a la calle con Haizea y sentarse en una terraza a tomar un café con sus amigos. Intuye que el futuro será algo diferente. “Tendremos que adaptarnos a tomar otras medidas de seguridad, otra forma de vivir mientras no se encuentre un remedio a este virus, algo que nos devuelva la seguridad. Yo no tengo miedo al contagio por mí, sino por mi familia. No querría ponerla en peligro”.


 Biografía Alicia Amatriain  


Alicia Amatriain tuvo su primer contacto con la danza a la edad de 4 años. Recibió la mayor parte de su formación en el Conservatorio de Donostia (1985-1994), bajo la supervisión de Peter Brown y Águeda Sarasua. A los 14 años, accedió a la Escuela de John Cranko en Stuttgart.
En 1998, ingresó en el Stuttgart Ballet como meritoria, ascendiendo por los diferentes rangos hasta ser promovida como bailarina principal en 2002. Para su debut en la máxima categoría, Alicia Amatriain bailó el rol de Tatiana del ballet «Onegin» de John Cranko. Gracias a la protagonista de «Lulu», papel creado para ella por Christian Spuck, fue aclamada por la crítica especializada como la bailarina excepcional de la temporada 2003/04. Dos años después, se alzó con los premios Futuro, en Alemania, y Revelación de Gipuzkoa 2006. Obtuvo en Italia los galardones Danza & Danza y el ApuliArte, en 2008 y 2009 respectivamente.
Nombrada Bailarina de Cámara del estado de Baden-Wüttemberg –máximo reconocimiento alemán para una bailarina- en septiembre de 2015, la temporada 2015/16 fue inolvidable para Amatriain, ya que amplió su palmarés con el premio Der Faust, convirtiéndose en la primera artista española en recibirlo, la distinción al mejor dúo del Festival Dance Open de San Petersburgo, el prestigioso Benois de la Danse -otorgado en el Teatro Bolshoi de Moscú y considerado el  “óscar” del ballet-, y el Positano, el galardón más antiguo del mundo del ballet. En 2017 es reconocida con el Premio ‘El Ojo Crítico’ de RNE de Danza.
Como bailarina invitada, ha bailado con prestigiosas compañías como el Bolshoi, la Ópera de París, la Compañía Nacional de Danza, el Ballet Nacional de Cuba y el Teatro Colón de Buenos Aires.